27 de agosto de 2026

MURIÓ RUBÉN RADA: EL DÍA QUE SE APAGÓ LA VOZ QUE NUNCA PUDO SER GOLEADOR

 

Montevideo viste hoy sus lutos más profundos. Ha partido Rubén Rada a los 83 años, dejando un vacío inmenso en el alma rioplatense tras batallar durante un mes contra las garras de una neumonía implacable. Se fue el “Negro”, el alquimista del candombe, el mito de la música mundial; pero se fue, ante todo, un hombre que llevó viva hasta su último aliento la herida melancólica de un sueño frustrado: el no haber sido futbolista.

La música, contra todo pronóstico, no fue su primera pasión, sino el refugio sagrado donde guarecerse tras el golpe del destino. Con apenas cuatro años, una cruenta tuberculosis acorraló su infancia en una cama de hospital durante dos eternos años. Sobrevivió de milagro, pero el daño estaba hecho. Cuando a los 15 años intentó conquistar las canchas como marcador de punta, la ficha médica arrojó la sombra innegable de una mancha en el pulmón. Tuvo que colgar los botines antes de tiempo, despidiéndose entre sonrisas resignadas de una carrera donde solía definirse, con su típica humildad, como un jugador “malo”.

El fútbol, sin embargo, nunca salió de sus venas. Vivió durante dos décadas a la sombra del Estadio Centenario, peregrinando entre tribunas con tal de sentir la mística del balón. Supo ser testigo con solo siete años del estallido del Maracanazo en 1950, celebrando su cumpleaños entre monedas arrojadas por la multitud en festejo. Con el tiempo, protagonizó también una de las transiciones más insólitas del fútbol uruguayo: nació hincha de Nacional por influencia de su padrino, pero el amor de una madre humilde —que en un Día de Reyes les regaló a sus hijos cinco uniformes de Peñarol— terminó por teñir su corazón para siempre de aurinegro.

Hoy la pelota llora y el tambor suena a réquiem. Murió el hombre, pero queda el eco de su arte. Cada fin de semana, en cada estadio donde retumbe una canción de cancha modelada bajo el ritmo inconfundible de sus clásicos, el “Negro” volverá a saltar a la cancha para gritar ese gol que la vida le negó. Un adiós eterno para una leyenda inolvidable.

ALEJANDRO DUARTE