21 de abril de 2026

MR. MILANGA, MR ESTAFA

En tiempos donde la economía aprieta como zapato chico y las decisiones nacionales hacen malabares con el bolsillo de la gente, siempre aparece algún “emprendimiento modelo” dispuesto a innovar… pero en cómo exprimir a sus propios empleados.
En la ciudad de Eldorado, un restobar de nombre conocido —y de prácticas no tanto— parece haber actualizado su carta. No hablamos de gastronomía, sino de un menú laboral digno de museo… o de denuncia.
Entre sus especialidades se destacan:
trabajadores en negro,
sueldos que entran en modo invisible,
despidos sin siquiera el gesto simbólico de una compensación,
y la exquisita experiencia de trabajar todo un mes… para luego degustar el sabor amargo de no cobrar.


Pero la propuesta no termina ahí. Porque todo gran menú tiene su “experiencia religiosa”: asistencia dominical obligatoria a un culto en el kilómetro 6. Una combinación curiosa: explotación laboral con bendición incluida, como si la fe pudiera reemplazar un recibo de sueldo.
Y claro, el postre no podía faltar. Un lugar donde cada noche se llena de clientes, donde el movimiento no para, donde el dinero claramente circula… pero misteriosamente nunca alcanza. La famosa frase “no hay plata” suena menos a realidad y más a excusa repetida hasta el cansancio.
Lo que sí parece escasear —y de forma alarmante— es la empatía. Esa que debería ser ingrediente básico en cualquier negocio que se sostenga gracias al esfuerzo humano.
Porque no, no es un privilegio: es un derecho. Trabajar dignamente, cobrar lo que corresponde, ser respetado. Nada de eso debería figurar como “extra” en ningún menú.
Tal vez sea momento de que Mr. Milanga revise sus recetas… porque claramente está cocinando con leyes vencidas.