¡Festejen, hinchas xeneizes, festejen que volvimos a rascar un puntito de oro! Qué importa si enfrente está Platense, qué importa la historia o si el supuesto “Gigante de América” da más lástima que miedo cada vez que le toca cruzar la General Paz. El show del desinterés y el fútbol con freno de mano sumó un nuevo capítulo en Vicente López, para el deleite de nadie.
El guion ya lo conocemos de memoria y hasta parece filmado en blanco y negro: el equipo local le pone la camiseta en la cara, le tira la casa encima con dos o three ganas de correr, y el trasatlántico azul y oro se transforma en un barquito de papel. Desde los tres cuartos del primer tiempo abajo en el marcador, mirando el reloj como el que espera el colectivo que nunca pasa, a la espera de que ocurra un milagro divino, un chispazo fortuito, un centro milagroso o alguna gambeta iluminada. Y claro, sobre la hora, casi pidiendo por favor, llegó el empate para evitar el papelón completo. ¿La única luz en el túnel? Que volvió a marcar Miguel Merentiel. Del resto, mejor ni hablar: el plantel parece jugar en cámara lenta y con el freezer al hombro.
¿No perswe es un consuelo? No, no nos consuela nada. Pero pareciera que en los pasillos del club la mediocridad ya viste saco y corbata. “No perdimos”, dirán con el pecho inflado. Claro, tampoco ganamos, pero ese pequeño detalle de sumar de a tres parece ser una exigencia desmedida para este club. Mientras tanto, la tabla de posiciones se convirtió en un tobogán donde Boca cae despacito y sin prisa, pero sin pausa, observando la punta cada vez más lejos, casi con catalejo.
¿Hasta cuándo hay que esperar? ¿Cuántas fechas más de sopor, juego deslucido y conformismo barato hay que aguantar? Es Boca, se supone que este escudo obliga a arrasar, no a andar mendigando un punto como si fuéramos un equipo que pelea la permanencia. Pedir fútbol hoy en día en La Boca parece una utopía.
Lo más preocupante de esta película de terror es que las preguntas se multiplican en el aire y los responsables directos prefieren mirar para otro lado o dar explicaciones para la tribuna. Lo trágico de la comedia es que quienes hoy dirigen o toman decisiones estuvieron dentro de la cancha, saben lo que pesa esa camiseta y conocen mejor que nadie que en este club el empate no se festeja. Boca no gana, Boca se arrastra, Boca preocupa a todos… menos a los que supuestamente deberían ocuparse.
ALEJANDRO DUARTE

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