8 de agosto de 2026

EL ARTE DE NO PERDER, Y TAMPOCO SABER A QUÉ JUGAR

 

Un primer tiempo que dejó más de una duda o, para ponerlo en un idioma de barrio —de esquina, para ser más precisos—, nos dio unas ganas irrefrenables de sacar a los once titulares y entrar a jugar nosotros. Vamos, que con un par de kilos de más y un poco de alcohol en sangre, por la camiseta de Boca haríamos bastante más.

El 1 a 0 parcial volvió a poner en la mira al arquero. Con una postura de más de dos metros que debería funcionar como una llave que cierra el arco bajo siete candados, la realidad marca que viene recibiendo goles casi todos los partidos. En esta oportunidad, un tiro libre donde la barrera —total responsabilidad de Montero, aseguran todos— estuvo pésimamente armada, sumado a una preocupante falta de reacción de quien debería impedir que la pelota ingrese por su poste. Ya en esa primera mitad, Boca encendía luces amarillas por todos lados.

Y a pesar de que sobre el final lo empató de la mano del Ruso Ascacíbar, la alarma no debe apagarse para quienes sueñan con ver un verdadero equipo.

El segundo tiempo tuvo prácticamente de todo. Y cuando digo “de todo”, es de todo: emociones, pelotas en los palos, corridas, tiros libres y lo que se les ocurra. Sin embargo, cumplidos los 40 minutos, el marcador no se movía del 1 a 1. A pesar de ser dominante, Boca no podía conseguir los tres puntos. Todo se resume, simplemente, a un descontrol futbolístico: un equipo que no sabe a qué juega, no sabe dónde poner la pelota y, por supuesto, jamás sabe cómo terminar una jugada. Los de afuera serán muy buenos, pero los que tienen que concretar están en otro plano astral. Definitivamente, en el club tienen que sentarse a reflexionar. Sí, es cierto, no se pierde… pero tampoco se gana. Y aunque “los primos” la estén pasando mal, mejor no opinar demasiado por las dudas, porque no ganar tampoco es para andar festejando.

Un párrafo aparte para el árbitro Falcón Pérez: a título de este humilde redactor, jamás me gusta incluir a los jueces, pero hoy tuvo bastante poco criterio. No solo para con Boca, sino para el partido en general. En serio, la idea era jugar al fútbol. Hubo un “toque arbitral”, sí, pero al menos fue parejo: decididamente malo para los dos lados.

Esta noche Boca dejó un sinsabor que tiene más pinta de bronca que de resignación. Hay muchísimo por hacer pensando en lo que se viene porque, seamos sinceros, hoy por hoy Boca no tiene brújula.

ALEJANDRO DUARTE