Hay partidos que Boca parece empeñado en complicarse solo. Y este no fue la excepción.
El conjunto paraguayo salió a plantarse sin complejos y, casi desde el vestuario, encontró el gol para volver a poner a Boca en ese lugar que últimamente parece conocer demasiado bien: empezar perdiendo. Otra vez a remar desde atrás, otra vez a poner a prueba el corazón de sus hinchas.
Durante buena parte del primer tiempo, los paraguayos manejaron los tiempos y encontraron espacios ante un Boca que parecía buscar el rumbo. Pero, como suele ocurrir con este club, cuando aparece la camiseta, aparece también la obligación de reaccionar. Y Boca comenzó a empujar, a buscar el empate y a convertir el partido en un verdadero mano a mano.
No siempre con buen fútbol, hay que decirlo. Pero sí con esa mezcla tan bostera de historia, camiseta, carácter y una dosis generosa de sufrimiento.
Y entonces llegó el segundo tiempo.
Boca salió como un tren de carga sin frenos. Se llevó puesto al conjunto paraguayo, lo arrinconó y empezó a transformar la preocupación en fiesta.
Azcacíbar apareció para poner el empate y devolverle el alma al equipo. Delgado encontró el segundo y, cuando parecía que la noche ya estaba encaminada, apareció el pibe Flores.
El juvenil venía teniendo un partido para el olvido, de esos en los que uno empieza a preguntarse si el técnico no estará pensando en el cambio. Pero el fútbol tiene esas maravillosas injusticias: Flores eligió el momento menos esperado para hacer lo que mejor sabe hacer, romper el arco.
Golazo, locura en las tribunas y Boca respirando nuevamente.
Porque así es Boca. Capaz de regalarte 45 minutos de preocupación y después regalarte otros 45 de felicidad. Un verdadero especialista en convertir la tranquilidad en drama y el drama en fiesta.
Lo cierto es que el Xeneize reaccionó cuando más lo necesitaba, dio vuelta la historia y dejó la serie en una zona bastante más cómoda.
Ahora queda la revancha, el próximo martes, en La Olla de Asunción, donde Boca deberá terminar de sellar su pasaporte a los cuartos de final. Primero habrá que cerrar definitivamente esta llave de octavos, porque en el fútbol nunca está de más recordar que hasta el último minuto puede aparecer algún fantasma.
Pero esta noche, por una vez, que nadie venga a hablar de fantasmas.

BOCA REACCIONÓ, GOLEÓ Y VOLVIÓ A HACER LO QUE SU HISTORIA LE EXIGE: GANAR.
Y si para eso primero hay que sufrir un poquito… bueno, parece que en La Bombonera ya lo tienen incluido en la entrada.
ALEJANDRO DUARTE

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