16 de agosto de 2026

EMERGENCIAS A MERCED DEL FUEGO: LA ASFIXIA FINANCIERA CORRERÁ LA LÍNEA ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE EN MISIONES

 

El silencio que hoy empieza a apoderarse de los cuarteles de Bomberos Voluntarios en Misiones no es de paz, es de puro desamparo. Lo que durante años se sostuvo con el pecho, la vocación y una entrega desinteresada, hoy se desmorona ante la frialdad de la burocracia central. La falta de pago de los subsidios nacionales ha dejado de ser un mero problema contable en una planilla de planillas para convertirse en una amenaza dramática, directa y aterradora que acecha a familias enteras en la provincia.

Primero fue Comandante Andresito, obligado a tomar la desgarradora decisión de elegir qué emergencias atender y cuáles dejar pasar, limitándose únicamente a incendios estructurales y accidentes viales. Hoy, la tragedia operativa cobra una nueva víctima: San Ignacio. La Asociación de Bomberos Voluntarios de esta localidad ha tenido que comunicar lo impensable: restringir las salidas operativas porque la economía de la institución está exhausta y ya ni siquiera pueden costear el pago de la guardia de cuartelero.

Resulta angustiante asimilar la realidad que exponen las propias autoridades: a partir de ahora, la respuesta ante un siniestro dependerá de la mera “disponibilidad” de hombres y mujeres que, aun con la voluntad intacta, se ven atados de manos por la falta de combustible, insumos y recursos básicos para operar. ¿Qué pasa cuando el fuego no espera a que un bombero termine su jornada laboral particular para acudir al rescate? ¿Qué valor se le está dando a las vidas y bienes de los ciudadanos cuando el Estado provincial y nacional les da la espalda a quienes arriesgan todo sin pedir nada a cambio?

Ya son dos las localidades misioneras sumergidas en esta vulnerabilidad extrema. El ahogamiento financiero a las instituciones de primera respuesta no es solo una omisión administrativa; es jugar con fuego en un territorio donde la selva, las distancias y las emergencias no dan tregua. La comunidad asiste con un nudo en la garganta a un escenario desolador, donde la disculpa de los bomberos duele más por su impotencia que por su falta de servicio. Si los fondos no se regularizan con urgencia, la pregunta ya no es qué cuartel será el próximo en restringir su operatividad, sino cuántas pérdidas irreparables habremos de lamentar por haber dejado a nuestros héroes con los brazos cruzados y las sirenas apagadas.

ALEJANDRO DUARTE