9 de agosto de 2026

EL HILO INVISIBLE QUE UNE A GUAYAQUIL CON LA BOCA: LA HISTORIA DE “PAVITO” NORIEGA

 

La inminente llegada de Enner Valencia a Brandsen 805 sacudió el mercado y reabrió los libros de historia. El artillero tricolor aterriza en La Bombonera con los reflectores sobre la espalda, pero no para inaugurar una huella, sino para seguir un rastro casi olvidado. Porque antes de Enner, mucho antes de esta era de hiperconexión y rumores de redes sociales, hubo un pionero ecuatoriano que supo lo que era defender la azul y oro: Raúl “Pavito” Noriega.

Hablar de “Pavito” es viajar en el tiempo hasta aquella mística de los años noventa. El central desembarcó en La Boca en 1993, con la chapa de haber sido semifinalista de la Copa América con su selección y la chapa de multicampeón vistiendo la camiseta de Barcelona de Guayaquil. Eran tiempos de fútbol raspado, de estadios colmados sin respiro y de camisetas que pesaban toneladas.

Entre 1993 y 1994, Noriega vistió la camiseta xeneize en 30 oportunidades. No le hizo falta un lustro para dejar una marca imborrable en el folclore del club: le tocó disputar cuatro Superclásicos frente a River —uno oficial y tres de esos apasionantes torneos de verano de antaño— y los jugó todos. ¿El saldo? Cuatro victorias albicelestes. Una marca invicta que hoy, a la distancia, se saborea con el encanto de los viejos y buenos tiempos.

Hoy, mientras la hinchada se prepara para rugir con los goles de Enner Valencia, el recuerdo de “Pavito” Noriega emerge entre la neblina del tiempo. Una historia corta pero perfecta que demuestra que el idilio entre la garra ecuatoriana y el templo del fútbol argentino ya tenía su primer capítulo escrito con letras doradas.

ALEJANDRO DUARTE