8 de agosto de 2026

“LOS CAGONES NO HACEN HISTORIA”: RIVER TOCÓ FONDO Y LA HISTORIA EMPIEZA A PESAR

 


“Los cagones no hacen historia”.

Una frase nacida en lo más recóndito de los barrios, transformada con el tiempo en una de esas máximas que el fútbol convierte casi en poesía. Una frase que, paradójicamente, terminó apareciendo en el estado de WhatsApp del propio técnico de River después de aquella derrota que ya encendía algunas alarmas.

El problema es que hoy River volvió a perder.

Y no fue una derrota más.

Fue la sexta consecutiva.

Seis partidos al hilo viendo cómo el rival festeja, cómo la camiseta pesa cada vez más y cómo las respuestas futbolísticas desaparecen lentamente del campo de juego. El récord que alguna vez había sido igualado ahora fue superado. Y aquella frase, casi como una cruel ironía del destino, parece haber cobrado una dimensión inesperada.

Porque River acaba de hacer historia.

Pero no precisamente de la manera en que su gente imaginaba.

El equipo de Núñez atraviesa uno de los momentos más oscuros de su historia reciente. Un equipo alicaído, confundido, sin respuestas, sin reacción y, lo que resulta todavía más preocupante, sin encontrar el camino para volver a ser ese River que durante tantos años fue protagonista, respetado y temido.

Hoy la pelota rueda, pero River se hunde.

Y mientras la tabla empieza a convertirse en una amenaza concreta, también empiezan a aparecer los fantasmas. Algunos tienen nombre y apellido. Otros tienen fecha. Algunos incluso llevan nombres históricos que el hincha millonario jamás quiso volver a pronunciar.

El clima cambió.

Ya no alcanzan las explicaciones. Ya no alcanzan los discursos. Ya no alcanzan las promesas de que el equipo va a reaccionar.

Las tribunas comenzaron a hablar.

Cánticos pidiendo resultados. Banderas que dejaron de bailar con la misma alegría. Banderas que ya no se agitan. Un estadio que empieza a expresar bronca, frustración y una indignación que crece partido tras partido.

Y cuando la paciencia se termina, el fútbol se vuelve peligroso.

Porque el enojo puede transformarse en discusión, la discusión en violencia y la violencia en situaciones que absolutamente nada tienen que ver con la pasión deportiva.

Por eso este momento exige memoria.

Memoria para recordar dónde estuvo River. Memoria para entender qué camiseta se está defendiendo. Memoria para saber que un club de esta magnitud no puede acostumbrarse a perder. Pero también memoria para comprender que salir de una crisis semejante no será responsabilidad de un solo nombre.

La conducción deberá responder.

El cuerpo técnico deberá encontrar respuestas.

Y los jugadores deberán demostrar dentro de la cancha que todavía tienen orgullo para vestir esa camiseta.

Porque River no necesita héroes de redes sociales. Necesita futbolistas que corran, que jueguen, que peleen cada pelota y que entiendan que ponerse la banda roja no es un trámite.

Hoy River está herido.

Está golpeado.

Está perdido.

Y, por sobre todas las cosas, está mirando una tabla que empieza a incomodar demasiado.

La historia pesa. Y cuando se trata de River, pesa muchísimo más.

La pelota sigue rodando, pero cada partido que pasa sin respuestas agranda el abismo.

Ahora será cuestión de saber si este equipo tiene carácter para levantarse o si seguirá haciendo historia, pero de esa historia que ningún hincha quiere recordar.

Porque una cosa es perder.

Otra muy distinta es acostumbrarse a perder.

Y River, por su historia, por su gente y por la camiseta que representa, no puede permitirse semejante lujo.

ALEJANDRO DUARTE