13 de agosto de 2026

VICTORIA: TIERRA DE MONARQUÍAS MODERNAS, DONDE EL PODER PARECE ESTAR POR ENCIMA DE LOS VECINOS

 

En la mañana de este jueves, los micrófonos de “EL MAÑANERO” se convirtieron en escenario de una denuncia que, por su gravedad, obliga a detenerse, escuchar y preguntar.

El concejal Hernán  Quiñones , de Colonia Victoria, expuso una realidad que según sus declaraciones estaría atravesando a numerosos vecinos de la localidad y que deja una pregunta incómoda flotando en el aire: ¿qué ocurre cuando quienes deberían garantizar los derechos de una comunidad terminan utilizando el poder como herramienta de control?

La frase fue contundente: “Los vecinos de Colonia Victoria viven bajo las órdenes de su intendente Hugo Andino, quien armó todo un dispositivo para que todos estén a su disposición”.

Pero detrás de semejante afirmación apareció un ejemplo todavía más preocupante. Según relató el edil, la ambulancia municipal, que debería estar al servicio de toda la comunidad, podría ser negada a determinados vecinos como consecuencia de sus diferencias o críticas hacia la conducción municipal.

Si esto fuera así, ya no estaríamos hablando simplemente de una discusión política. Estaríamos hablando de algo mucho más grave: convertir un servicio de salud en una herramienta de premio o castigo.

Y mientras tanto, la realidad sanitaria del pueblo tampoco parece dar demasiado margen para respirar tranquilos.

El CAPS local cuenta, según lo señalado durante la entrevista, con atención en consultorios de lunes a viernes durante la mañana. Después, el pueblo quedaría prácticamente desprovisto de asistencia médica. Una situación que parece resumirse en una frase tan absurda como dramática: en Colonia Victoria, parecería estar prohibido enfermarse fuera de horario.

A esta situación se suma otro problema que ya fue denunciado públicamente: la contaminación provocada por el polvo y las partículas provenientes de una fábrica dedicada al prensado de aserrín.

Polvo en el aire, preocupación por la salud y una asistencia sanitaria que no alcanzaría para cubrir las necesidades de la población.

La postal resulta difícil de ignorar.

Pero hay más.

También apareció sobre la mesa la preocupación por el agua potable. Según lo expresado por el concejal, el suministro provendría de pozos perforados y existirían dudas respecto de la calidad del agua ante el crecimiento de la población y la posibilidad de contaminación de las napas.

Y entonces surge la pregunta inevitable: ¿quién controla que el agua que consume una comunidad sea realmente segura?

Los reclamos, según se denunció, llegarían al Ejecutivo municipal y también al Concejo Deliberante. Pero, de acuerdo con el relato del edil, cuando los reclamos incomodan al poder, simplemente podrían terminar archivados.

“Lo encajonan y punto”, fue la expresión utilizada.

Y quizás allí esté el verdadero problema.

Porque una comunidad no puede depender del humor de quienes gobiernan. Una ambulancia no debería preguntarle a un vecino qué piensa políticamente antes de trasladarlo. La salud no debería tener horario cuando la enfermedad no lo tiene. El agua no debería ser una cuestión de fe. Y un reclamo ciudadano no debería desaparecer dentro de un cajón simplemente porque resulta incómodo.

Colonia Victoria merece respuestas.

Y, sobre todo, merece controles.

Si las denuncias son ciertas, corresponde que los organismos competentes intervengan, investiguen y determinen responsabilidades. Y si alguna de estas acusaciones no se ajusta a la realidad, también corresponde que quienes fueron señalados tengan la posibilidad de explicar públicamente qué está ocurriendo.

Porque gobernar no es construir una monarquía moderna alrededor de un intendente.

Gobernar es administrar para todos, incluso para aquellos que critican, cuestionan o piensan diferente.

Hoy, las voces de los vecinos comenzaron a romper el silencio.

Y cuando una comunidad deja de callar, quizás sea porque durante demasiado tiempo sintió que nadie estaba dispuesto a escucharla.

ALEJANDRO DUARTE