17 de abril de 2026

MISIONES “DESCUBRE” UNA DEUDA MILLONARIA CON DISCAPACIDAD Y AHORA PIDE URGENCIA

 

Misiones alzó la voz —tarde, pero fuerte— para reclamar a la Nación el pago de una deuda que supera los 2.500 millones de pesos con centros de asistencia a personas con discapacidad. Se trata de seis meses de atraso del Programa Federal Incluir Salud. Nada nuevo bajo el sol… salvo la urgencia repentina.

El gobernador Hugo Passalacqua recurrió a sus redes para exigirle al ministro de Salud, Mario Lugones, que regularice los pagos. Según explicó, ya había hecho lo propio con el ministro de Economía, Luis Caputo. Es decir: cuando el problema se vuelve inocultable, aparecen los reclamos formales. Antes, silencio administrativo.

“Es fundamental que esta situación se resuelva a la brevedad”, expresó el mandatario, advirtiendo que miles de misioneros esperan respuestas. Curioso: esos mismos miles llevan meses esperando, pero recién ahora parecen haber entrado en el radar oficial.

El pedido apunta a reactivar un programa que nunca debió detenerse. Porque claro, hablamos de prestaciones básicas para personas con discapacidad, no de gastos prescindibles. Aunque, en la práctica, pareciera que fueron tratados como tales.

Passalacqua también apeló a la “sensibilidad” del Gobierno nacional y al cumplimiento de las obligaciones legales. Un detalle no menor: las leyes no suelen ser opcionales, aunque a veces se administren como si lo fueran.

El Programa Federal Incluir Salud financia servicios esenciales para personas sin cobertura. Cuando esos fondos no llegan, lo que se interrumpe no es un trámite, sino tratamientos, terapias y acompañamientos fundamentales. Pero bueno, siempre se puede convocar a una reunión… aunque sin los protagonistas reales.

Y ahí aparece la pregunta incómoda: ¿realmente conocen la realidad de las personas con discapacidad en la provincia? Porque si la respuesta fuera sí, tal vez no harían falta seis meses de deuda para reaccionar.

Quizás este reclamo sea un intento de mostrar gestión. Tal vez funcione. Tal vez no. Mientras tanto, en el territorio, la situación sigue siendo la misma: centros asfixiados, familias esperando y un Estado que llega siempre después.

Ojalá esta vez no quede solo en un posteo. Porque si no, será apenas otra anécdota más de un abandono que, lamentablemente, ya ni sorprende.

ALEJANDRO DUARTE