10 de septiembre de 2026

LOS DÓLARES DEL COLCHÓN Y LA MEMORIA QUE EL GOBIERNO NO PUEDE DEPOSITAR EN UN BANCO

 

La política económica argentina vuelve a encontrarse con uno de sus grandes fantasmas: los dólares debajo del colchón.

El ministro de Economía, Luis Caputo, les pidió a los jóvenes que convenzan a sus padres de llevar al sistema bancario esos dólares que durante años permanecieron fuera del circuito financiero. El argumento parece sencillo: una economía más ordenada, mayor confianza y un sistema financiero fortalecido permitirían que esos ahorros vuelvan a circular.

Pero detrás de esa frase hay algo mucho más profundo que una simple recomendación financiera.

Hay memoria.

Porque si una generación guarda dólares en su casa, no necesariamente lo hace por desconocimiento o por una supuesta resistencia al sistema. Muchas veces lo hace porque aprendió, a fuerza de crisis, corralitos, devaluaciones, restricciones y pérdidas de confianza, que el dinero que está bajo su propio control puede parecer más seguro que aquel que depende de una institución.

Entonces aparece la pregunta incómoda: ¿QUIÉN TIENE QUE CONVENCER A QUIÉN?

¿Los hijos a los padres para que vuelvan a confiar en los bancos? ¿O el Estado y el sistema financiero deberían demostrar, con hechos concretos y durante el tiempo suficiente, que esa confianza está nuevamente justificada?

La confianza no se decreta. No se ordena. Y mucho menos se transmite mediante una recomendación política.

Se construye.

Y en Argentina esa construcción tiene una dificultad adicional: cada generación tiene su propio recuerdo de la crisis. Para algunos, guardar dólares representa simplemente una estrategia de ahorro. Para otros, representa una forma de protección frente a un Estado que alguna vez prometió seguridad y terminó generando incertidumbre.

Caputo también reconoció que la transformación económica no impactará de la misma manera sobre todos los sectores. Y allí aparece otro punto que merece discusión: cuando una economía cambia, no alcanza con celebrar a quienes “pican en punta”. También hay que preguntarse qué ocurre con aquellos que quedan atrás.

Porque detrás de cada sector que crece existen trabajadores, pequeñas empresas, comerciantes y familias que necesitan saber si podrán adaptarse a ese nuevo escenario.

La transformación económica puede ser necesaria. El orden también. Pero ningún modelo puede sostenerse únicamente sobre estadísticas, mercados o depósitos bancarios. Necesita algo mucho más difícil de conseguir: CONFIANZA SOCIAL.

Quizás por eso la verdadera discusión no sea dónde están los dólares de los argentinos.

La verdadera discusión es por qué tantos argentinos todavía sienten que deben esconderlos.

Y esa respuesta no la tiene solamente una generación de padres. La tiene una historia económica completa.

Si el Gobierno quiere que los dólares salgan del colchón, primero tendrá que lograr que la confianza salga de las palabras y entre definitivamente en la realidad cotidiana.

Porque en Argentina el colchón puede guardar dólares.

Pero también guarda memoria.

ALEJANDRO DUARTE