En un emocionante despliegue de puntualidad y compromiso cívico, la última sesión ordinaria del semestre del Concejo Deliberante —esa antesala tan necesaria para el merecido receso de nuestros representantes— tuvo que ser cancelada. ¿El motivo? La inesperada y sincronizada ausencia de tres concejales, un misterio logístico que dejó las bancas vacías y las soluciones en el limbo.Gracias a este faltazo estratégico, el proyecto de Ordenanza que buscaba dar un respiro económico a los vecinos quedó convenientemente guardado en un cajón.

La propuesta era simple, casi un acto de justicia básica: eximir por única vez el pago de la tasa de agua en julio. Un intento simbólico de compensar a los ciudadanos tras sufrir ocho días enteros sin una sola gota en sus canillas, sumado a las ya tradicionales deficiencias del servicio diario. Pero claro, debatir el bienestar ajeno puede resultar una tarea agotadora justo antes de las vacaciones.Mientras otros proyectos igualmente importantes acumulan polvo en la lista de pendientes, desde el bloque aseguran que se sigue trabajando “con compromiso” para encontrar soluciones concretas.

Una promesa reconfortante, especialmente para quienes deben buscar soluciones concretas para llenar un balde de agua en sus casas.Por último, el espacio extendió su agradecimiento al vecino Héctor Viñuela, quien se tomó la molestia de acercar una propuesta propia para abordar la crisis hídrica. El proyecto, según informaron, será analizado minuciosamente por el bloque. Solo queda rezar para que el análisis concluya antes de que comience el receso, o al menos, antes de que la paciencia de la comunidad se termine de evaporar.
ALEJANDRO DUARTE

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