Parece que en la quinta final del TC en Termas de Río Hondo, Mariano Werner finalmente encontró el GPS, recordó dónde quedaba el acelerador y se llevó la final de punta a punta. Una novedad absoluta para un piloto que, según las malas lenguas, solo sabía pasear el auto.
Pero agárrense, que el entrerriano no solo ganó, sino que decidió que era buen momento para mudarse al Olimpo del TC. Resulta que ahora iguala el récord de Juan Gálvez con 16 victorias consecutivas (una por año desde tiempos inmemoriales). Una caricia al alma para Werner, quien venía de una racha tan negativa que el número 11 en sus laterales ya parecía un homenaje a la mala suerte más que una elección estética.

El Podio y los “Casi”
Mientras Werner festejaba, el resto hacía lo que podía:
Matías Rossi: Segundo, mirando de lejos los escapes del Ford.
Mauricio Lambiris: Tercero, completando el decorado del podio.
Marco Dianda: El pibe estuvo a cinco minutos de hacer historia y subir al podio con 18 años, pero el automovilismo —que es más cruel que un lunes por la mañana— le cerró la puerta en la cara.

La Ilusión de la “4”
La hinchada de Ford, esa que vive al borde del infarto, ya sacó los apuntes: Werner ya tachó el casillero obligatorio de la victoria para pelear el campeonato. Ahora, con la confianza por las nubes y el motor en su sitio, los fanáticos ya están preparando el brindis. Como dicen ellos: “Traigan vino, que la copa ya la tenemos… o al menos eso nos gusta creer”.
ALEJANDRO DUARTE

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