La mañana amaneció vestida de un gris definitivo, cargando sobre sus hombros el rumor más temido y desgarrador: “Mr. Parkinson” se ha cobrado el tributo final. En su batalla más cruel, logró apagar la voz del más indómito de sus guerreros. Carlos Alberto “El Indio” Solari, aquel místico que alguna vez nos confesó sobre el escenario el peso de su cruz, ha cruzado el umbral donde el dolor se vuelve silencio. La enfermedad, implacable y sin tregua, lo había empujado hace años a refugiarse en la penumbra sagrada de su estudio; allí donde, rodeado de sus fieles músicos, seguía hilvanando milagros de luz y sonido.
Hoy, sin embargo, las consolas permanecen frías. La luz de ese santuario se ha extinguido para siempre.

hechos artísticos más relevantes y populares de la cultura argentina contemporánea: la obra de Carlos “Indio” Solari.
Recorrer el proceso creativo de sus composiciones y conocer algunas de las piezas que constituyen la
genealogía de sus influencias artísticas e intelectuales, son algunos de los propósitos que guían esta muestra.
Exhibir sus manuscritos, ensayos, dibujos, pinturas, publicaciones, objetos personales y visitar su universo de
lecturas y canciones escogidas, es una invitación a explorar nuevas interpretaciones sobre esta enigmática
obra, y es una forma, también, de celebrar una manifestación del arte que ha logrado conmover la sensibilidad
de multitudes argentinas.
La muestra se podrá visitar desde el sábado 7 de febrero a las 12 hs, en la Biblioteca Nacional.
Sobre la mesa de grabación descansa el bodegón de una ausencia insoportable: un cuaderno en blanco, una birome gastada, un par de gafas oscuras que ya no mirarán al pogo más grande del mundo y un micrófono que ahora solo captura el eco de la desolación. Todo está allí, bautizado por las lágrimas mudas de una feligresía que hoy se quiebra en un solo llanto.
Es el llanto que estrecha un puño contra el pecho para gritarle al viento: ¡Adiós, querido Indio! Porque para nosotros, los desmañados de la tierra, siempre serás ese pibe de los astilleros que jamás aceptó la rendición. Siempre te grabaremos en la memoria colectiva como lo que fuiste, eres y serás: nuestra más hermosa y feroz “Gran Bestia Pop”.
El rock argentino no solo se viste de riguroso luto; hoy la cultura popular entera asiste al entierro de su propia mística. Se despide al poeta maldito, al chamán de las multitudes, al hombre que con su pluma enigmática nos desafió a descifrar el misterio de la existencia. Generaciones enteras se han sentado, entre el humo y el desvelo, a intentar comprender sus letras sagradas, y aún hoy muchos siguen buscando una respuesta que ahora se vuelve eterna.
Las banderas bajan a media asta, las gargantas se ahogan en un nudo y el silencio de las misas ricoteras se transforma en un rezo eterno.
Que en paz descanses, Indio Solari. Tu música ya nos pertenece para siempre.
ALEJANDRO DUARTE

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