El 15 de mayo de 2010, Gustavo Cerati subía al escenario en Caracas, Venezuela, para presentar Fuerza Natural, el disco que terminaría siendo una cruel premonición. Nadie lo sabía. Ni el público, ni su banda, ni siquiera él. Aquella noche sería la última vez que una de las voces más inmensas del rock latinoamericano cantaría frente a miles de personas. �
El show formó parte de la gira de su último trabajo discográfico, una obra luminosa que terminó envuelta en una oscuridad imposible de imaginar. Mientras sonaban canciones como “Magia”, “Déjà Vu” y “Lago en el cielo”, el destino ya escribía el final más irónico y devastador: el hombre que parecía eterno estaba viviendo su última función. �

Al terminar el recital e intentar posar para una fotografía grupal con su equipo, Cerati sufrió una descompensación en el camarín producto de un accidente cerebrovascular. Horas antes había cerrado el concierto con naturalidad, casi como si el universo se burlara con elegancia de todos: “Hasta la próxima”. Pero no hubo próxima vez.
Tras recibir atención médica en Caracas, fue trasladado semanas después a Buenos Aires, donde permaneció internado durante más de cuatro años, atrapado en un silencio que todavía duele. Falleció el 4 de septiembre de 2014, dejando una ausencia imposible de llenar y un legado que el tiempo no logró apagar. �
En este nuevo aniversario, su hermana Laura lo recordó en redes sociales con una fotografía en blanco y negro del músico sobre el escenario, guitarra en mano. Sin discursos. Sin explicaciones. Apenas una palabra: “Gus”, acompañada por el símbolo de infinito. Porque hay artistas que se retiran… y otros que simplemente quedan suspendidos para siempre en el último acorde.
ALEJANDRO DUARTE

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