La vida está hecha de hechos, aunque muchas veces todo comienza con un simple dicho. Cuando la distancia entre ambos se acorta, aparece el hecho… y casi siempre resulta tan relevante como incómodo en lo social. Porque la verdadera pregunta nunca es si algo es importante, sino cuánto lo es para quienes deciden.
En ese camino, emerge una frase célebre, repetida hasta el cansancio y digna de un Pulitzer de la resignación: “no se puede llegar a todos”. Una sentencia que, curiosamente, siempre encuentra a los mismos del lado de los que quedan afuera. Porque claro, lo “equitativo” termina siendo ese reparto creativo donde hoy es para vos, mañana para mí… o, en su versión más sincera, siete para uno y tres para el otro, como para que nadie diga que no recibió nada. Un clásico. Un acto casi artesanal de la tan perfeccionada POLÍTICA SELECTIVA.
Esa misma política ha vuelto a poner en agenda debates que ya se repiten de memoria, con soluciones conocidas pero oídos convenientemente cerrados. Y entonces llegan los anuncios: agua gratis, luz gratis para centros de atención a personas con discapacidad. Medidas que suenan bien, que decoran titulares… pero que no alcanzan a tapar el problema de fondo. Porque si el centro tiene agua y luz, pero no tiene alumnos, la pregunta cae por su propio peso: ¿dónde está lo verdaderamente significativo?
Como si fuera poco, se celebran con bombos y platillos nuevas unidades de transporte. Modernas, relucientes… e increíblemente ajenas a las necesidades de las personas con discapacidad. Entonces, otra vez, la pregunta incómoda: ¿qué es exactamente lo que se festeja?
El patrón se repite. Decisiones tomadas sin consultar a quienes viven la realidad en carne propia, anuncios que bordean lo absurdo, gestos que parecen más pensados para la foto que para transformar. Mientras tanto, la agenda del sector discapacidad sigue sin fecha ni hora, postergada, relegada, ignorada. Se violan sistemáticamente planes de contingencia, se improvisan respuestas y se disfraza de gestión lo que no es más que maquillaje.
Quizás lo más preocupante no sea la costumbre de hacer poco, sino la expectativa de que eso alcance. Pero hay algo que no se va a naturalizar: que sigan dejando afuera, una y otra vez, a quienes ya vienen esperando demasiado.
ALEJANDRO DUARTE

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