29 de abril de 2026

BOCA PERDIÓ EL INVICTO… Y DE PASO TAMBIÉN EL ARCO, LAS IDEAS Y LA PACIENCIA

 

Boca fue a Brasil con puntaje ideal, pecho inflado y aura de invencible… y volvió con una derrota 1-0, cero remates al arco y una masterclass de cómo complicarse solo un partido. En el Mineirão, por la Copa Libertadores 2026, Cruzeiro hizo lo mínimo indispensable: esperar que Boca se desordene y darle el golpe final. Spoiler: funcionó.

El equipo de Claudio Úbeda arrancó el partido como si el objetivo fuera coleccionar tarjetas en lugar de puntos. A los pocos minutos, Leandro Paredes ya estaba amonestado por empujar a Matheus Pereira, marcando el tono de una noche donde el fútbol fue un detalle menor. Juego cortado, roces constantes y una creatividad ofensiva digna de un trámite burocrático.

El momento estelar llegó antes del entretiempo, porque claramente a Boca le parecía demasiado fácil jugar once contra once. Adam Bareiro vio la segunda amarilla por un manotazo —discutible, sí, pero evitable también— y dejó al equipo con diez. Desde ese instante, el plan pasó de “vamos a ganar en Brasil” a “sobrevivamos como sea”.

Úbeda movió el banco y armó una línea de cinco defensores, como quien refuerza un castillo sitiado. Salió el intento de ataque, entró el modo resistencia total. Cruzeiro monopolizó la pelota sin ser brillante, pero con una ventaja clave: tenía once jugadores y, a diferencia de Boca, alguna intención de patear al arco.

Leandro Brey fue la gran figura del Xeneize, lo cual ya dice bastante del partido. Tapó lo que pudo, lo que no también, y sostuvo el 0-0 mientras sus compañeros practicaban el noble arte de no generar peligro. Kaio Jorge, Fabrício Bruno y hasta Keny Arroyo probaron, mientras Boca miraba… y despejaba.

Y claro, tanto va el cántaro a la fuente… A los 82 minutos, Kaio Jorge hizo lo que nadie del lado visitante logró en toda la noche: llegar al fondo y pensar una jugada. Centro atrás y Néiser Villarreal —recién ingresado, fresquito, sin desgaste emocional— la empujó al gol. 1-0 y a otra cosa.

¿Reacción de Boca? Ninguna en el marcador. Eso sí, en el final hubo empujones, discusiones y una tangana digna de un equipo que no pateó al arco pero nunca pierde la intensidad… para protestar. Paredes volvió a ser protagonista, Ayrton Costa se sumó al caos y el árbitro Esteban Ostojich decidió que ya había tenido suficiente por una noche.

Conclusión: Boca pasó de líder perfecto a ejemplo práctico de cómo tirar por la borda un invicto de 14 partidos. Cruzeiro lo alcanzó en la cima del grupo con seis puntos, sin despeinarse demasiado.

Lo que viene: visita a Barcelona SC en Guayaquil. Tal vez ahí Boca recuerde que, además de defender y discutir, también se puede intentar patear al arco. Aunque sea una vez.