La Selección Argentina cumplió con el trámite burocrático de jugar el primer partido del Mundial 2026. Por supuesto, como nuestro ego nacional exige, no fue un simple debut: fue una masterclass absoluta donde le dejamos claro al planeta entero que la copa no se mueve de Buenos Aires.

El equipo se mostró tan sólido y solidario que parecía un grupo de monjes franciscanos, con el pequeño detalle de que le clavaron un 3 a 0 letal al rival de turno. Lionel Messi, con esa locura hermosa de quien ya no tiene nada que demostrar pero igual quiere arruinarle la tarde a los defensores contrarios, manejó los hilos del partido como si estuviera jugando en el patio de su casa.Mientras nosotros ya estamos diseñando la camiseta con la cuarta estrella, hoy juegan Austria y Jordania. Dos potencias del fútbol moderno que se matarán entre sí para ver quién tiene el honor de clasificar en segundo lugar y ser eliminados por nosotros más adelante.La Scaloneta nos volvió a ilusionar. Una vez más, compramos el pasaje directo a la cima del mundo tras apenas 90 minutos de juego. Como bien dice el viejo axioma de nuestro fútbol: “Elijo creer”, porque ser cautelosos definitivamente no es lo nuestro.
ALEJANDRO DUARTE

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