La reciente apertura de las compuertas de la represa de Itaipú Binacional enciende alarmas rojas sobre la vulnerabilidad y la falta de previsión en la gestión de nuestros recursos estratégicos y el impacto innegable del cambio climático. Por primera vez en el año, la hidroeléctrica se vio forzada a liberar un caudal masivo de agua, equivalente a la inmensidad de las Cataratas del Iguazú, exponiendo una situación de extrema fragilidad.Esta drástica medida no responde a una planificación óptima, sino a una respuesta de emergencia ante las intensas lluvias registradas aguas arriba y a fallas críticas en las condiciones de los sistemas eléctricos. Resulta preocupante que la infraestructura actual se vea sobrepasada y que no se haya podido controlar el nivel del embalse únicamente mediante la generación de energía.

Esta incapacidad técnica para canalizar el recurso hídrico en electricidad plantea serios interrogantes sobre la seguridad energética regional y la resiliencia de nuestras represas ante fenómenos climáticos cada vez más violentos e impredecibles. Las compuertas abiertas son el síntoma visible de un sistema al límite que exige una revisión urgente.

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