Un espectáculo imperdible arrancó bajo el sol de Río de Janeiro: la inagotable dinastía Bolsonaro regresa a los escenarios proponiendo la misma medicina que promete curar todos los males del Brasil.

Con la emblemática playa de Copacabana como telón de fondo, el heredero al trono político apela a la vieja y confiable libreta de apuntes: acusar al rival de complicidad con el crimen, prometer mano dura con etiquetas altisonantes y autoproclamarse el único salvador capaz de rescatar al país de la ruina absoluta. Una retórica impecable de salvación nacional que deja la sensación de un guion ya visto, donde la solución a la violencia y a los problemas económicos se reduce, una vez más, a un par de discursos encendidos frente al mar.
ALEJANDRO DUARTE

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