6 de agosto de 2026

EL DRAMA DEL ABANDONO: LA INDIGNANTE INDIFERENCIA MATERNAL QUE CONDENÓ A BELÉN

​La búsqueda de justicia por la trágica muerte de Rocío Belén López, la adolescente de 15 años que padecía una enfermedad neurodegenerativa, desnudó una realidad insoportable en el Tribunal Penal 1. Durante la tercera jornada del juicio oral, el recinto se convirtió en el escenario de una desgarradora catarata de testimonios que revelaron la crueldad, la desidia y el desprecio sistemático que sufrió la menor dentro de su propio hogar en el barrio Terrazas de Itaembé Miní.
​Los relatos de vecinas y de una empleada doméstica no solo conmocionaron a la sala, sino que encendieron una profunda indignación social al retratar un escenario donde el dolor de una niña con discapacidad era invisibilizado por quien debía protegerla. “La madre no sacaba a Belén a jugar ni a la plaza que tenía enfrente de la casa”, fue la premisa que sintetizó el desamparo absoluto en el que transcurrieron los últimos años de la adolescente.
​Gritos en el silencio y una empatía ajena
​Las declaraciones coincidieron en pintar un cuadro desgarrador de abandono deliberado. Hilda Da Silveira rememoró con angustia cómo escuchaba los “gritos desesperados de la niña sola en la casa” y expuso una cruel diferencia de trato: mientras con la otra hija existía calidez, a Belén la mantenían al margen, al punto de presentarla engañosamente ante los demás como una “sobrina” para ocultar la filiación.
​La frialdad del entorno familiar fue respaldada por el testimonio de Alice Balmaceda, quien recordó que el llanto incesante de la joven estremecía a la cuadra entera a cualquier hora. Ver a una menor vulnerable exponiéndose a la intemperie “con una camiseta y pañal puesto nomás” se volvió una escena tan cotidiana como inaceptable, empujando a las cuidadoras a suplicar ayuda a los vecinos para conseguir un plato de comida básico.
​La solidaridad del barrio frente a la crueldad
​Ante la ausencia de insumos, dinero y afecto, la solidaridad del vecindario fue el único refugio que tuvo la adolescente. Leonor Ester Leiva, empleada doméstica de la zona, asumió un rol maternal que la verdadera progenitora le negó a Belén. Leiva relató entre lágrimas cómo bañaba a la niña y salía a pedir alimentos por el barrio —un pedazo de milanesa, un huevo o un tomate— afirmando con crudeza que “una madre se rebusca como las gallinas para alimentar”.
​A pesar de su condición física, Belén sonreía, se expresaba y buscaba el calor humano que en su propia casa le escatimaban. Tenía una plaza entera frente a sus ojos, pero la indiferencia de su entorno se la volvió inalcanzable. El juicio continúa, pero la prueba testimonial ya ha dejado al descubierto una verdad lacerante: el calvario de Belén no solo estuvo marcado por su enfermedad, sino por la devastadora falta de amor y humanidad de quienes tenían la obligación de cuidarla.

ALEJANDRO DUARTE