Lo que prometía ser una carrera para intentar sumar y dar pelea terminó convirtiéndose en otro capítulo del manual de errores de Alpine. Apenas se apagaron los semáforos en el Gran Premio de Austria, el monoplaza de Franco Colapinto decidió que acelerar era una opción, no una obligación.
En la largada, una repentina pérdida de potencia dejó al argentino prácticamente inmóvil mientras el resto de la parrilla pasaba a su lado como si estuviera estacionado. Mientras sus rivales ganaban posiciones, Colapinto solo podía intentar reiniciar los sistemas del auto con la esperanza de que la tecnología recordara que estaba en plena carrera y no en modo descanso.
La frustración fue inmediata. Por la radio se escuchó el enojo del piloto, consciente de que su competencia había quedado comprometida antes de completar la primera curva. En Alpine, otra vez, las explicaciones llegaron después del problema, una costumbre que ya parece formar parte del equipo.
Porque una cosa es perder por falta de ritmo… y otra muy distinta es que el auto te deje afuera de la pelea antes de que realmente empiece la carrera.

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