4 de junio de 2026

ADIÓS AL “NENE”: EL FÚTBOL ESTÁ DE LUTO POR LA PARTIDA DE JOSÉ SANFILIPPO, LA LEYENDA ETERNA DE SAN LORENZO

 

El fútbol argentino se ha quedado sin una de sus páginas más doradas y emotivas. Este jueves 4 de junio, en Buenos Aires, la muerte nos arrebató físicamente a José Francisco Sanfilippo a los 91 años. Se apaga una vida, pero nace el mito eterno de un hombre que hizo de los goles un arte y de la camiseta azulgrana su propia piel.

La triste noticia, confirmada por el Club Atlético San Lorenzo de Almagro, golpea directo en el corazón de los hinchas. Se va el máximo goleador de la historia de la institución, dejando una huella imborrable, un Everest casi imposible de alcanzar: 205 gritos sagrados. Aquel delantero implacable que encadenó cuatro títulos consecutivos de máximo artillero del fútbol argentino entre 1958 y 1961 —tocando el cielo con las manos en aquella temporada descomunal de 34 goles en 40 partidos— ya descansa en paz.

El pibe del barrio que conquistó los corazones

Su historia es la del potrero puro, la del pibe que llevaba el destino marcado en las calles de Saraza y Bonorino, a solo unas cuadras de donde el Gasómetro se erigía como un templo. El apodo que lo acompañaría toda la vida, “El Nene”, no nació de la prensa, sino del amor de su padre, cuyo grito desgarrado desde la tribuna resonaba como un mantra: “¡Dale, nene; corré, nene!”.

“Padre, no puedo jugar más, entré en San Lorenzo y me voy a dedicar con todo a eso. Necesito triunfar en el fútbol para ayudar a mi viejo”.

Con esas palabras cargadas de inocencia, madurez y una enorme necesidad, el joven José se despidió del cura de la iglesia del barrio donde pateaba. Cambió los picados informales por la gloria eterna, impulsado por el motor más noble: el bienestar de su familia.

Un romance inquebrantable con la Azulgrana

Su primera etapa dorada (1953-1962) lo consagró como un mito viviente. Y aunque el destino lo llevó a vestir otras camisetas pesadas como la de Boca Juniors, Nacional de Montevideo, Banfield y varios clubes de Brasil, el cordón umbilical con Boedo jamás se rompió. Como si el guion de su vida exigiera un cierre perfecto, regresó en 1972 con 37 años para colgar los botines en el club de sus amores, regalándole a su gente un bicampeonato inolvidable.

Su amor por San Lorenzo rozaba la devoción. Cuando la dictadura y el destino demolieron el Viejo Gasómetro, destrozando el corazón de los hinchas, Sanfilippo rescató algunos tablones de madera de aquella mítica estructura para armar una pequeña tribuna en su quinta personal. No eran solo maderas; era el altar de sus recuerdos, el eco de los aplausos que se resistía a dejar ir.

Embajador de la Celeste y Blanca

Con la Selección Argentina también dejó su impronta de goleador serial. Defendió la camiseta nacional en la Copa América de 1957 y en las Copas del Mundo de Suecia 1958 y Chile 1962, alcanzando su punto más alto en el subcampeonato de la Copa América de 1959.

Hoy el fútbol llora a un definidor magnífico, a un hombre de una personalidad inquebrantable y a un pedazo enorme de la historia argentina. Se fue el “Nene”, pero en el viento de Boedo, cada vez que la pelota cruce la línea de gol, se escuchará un eco eterno agradeciéndole por tanta gloria. Que en paz descanses, José.

ALEJANDRO DUARTE