24 de mayo de 2026

LA GRIETA MISIONERA ES MORAL

 

Los sentimientos asociados al bien suelen girar alrededor de la responsabilidad, el esfuerzo, la honestidad, la empatía, la gratitud, el mérito y la capacidad de construir.Los asociados al mal, en cambio, aparecen ligados al resentimiento, la envidia, la codicia, la manipulación, el odio, la destrucción y la negación del mérito ajeno.

¿Hasta acá estamos de acuerdo? Todo suena obvio ¿no?

Las religiones, aún las más antagónicas, salvo las fanáticas, comparten premiar virtudes como el trabajo, la humildad, la verdad o la solidaridad, y condenar excesos como la soberbia, la avaricia, la violencia injusta o el engaño.De esta manera se gesto “EL FRENTE RENOVADOR DE LA CONCORDIA SOCIAL” durante casi 30 años.

En cuanto a las ideologías, hay una concepción moral del hombre. Algunas ponen el foco en el individuo, el mérito, la responsabilidad personal y la libertad de crear, producir y progresar. Entienden que una sociedad mejora cuando las personas tienen incentivos para esforzarse y hacerse cargo de sus decisiones.Otras, en cambio, priorizan la redistribución permanente, la igualdad de resultados y la sospecha sobre quien prospera. Y allí aparece el resentimiento que reemplaza al mérito como motor moral, el éxito deja de admirarse y empieza a castigarse.

Así de esta manera la reunión del hoy gobernador de la provincia con los más de 60 intendentes versus la que gestó el “Gran Conductor” para ponerle fin al frente de su autoría y darle vida a lo “nuevo” parecen nuevamente mostrar que los libros tienen razón.

Ahí es donde la batalla cultural deja de ser económica y se vuelve ética, moral.

Porque así cuando sociedad, en este caso política, se degrada cuando deja de valorar virtudes como el trabajo, la verdad, el mérito, la responsabilidad o la excelencia.Toda civilización, tarde o temprano, termina siendo el reflejo moral de los valores que decide premiar.Hoy el galardón de oro a la política misionera busca nuevo ganador pero para eso hay que empezar a mostrar las cartas con las que juegan.

ALEJANDRO DUARTE