La Selección Argentina volvió a hacer lo que mejor sabe hacer: jugar con nuestra expectativa de vida. Lo de hoy no fue un partido de fútbol, fue un experimento científico para testear los límites del miocardio humano. Desde el Mundial pasado que no veíamos un despliegue tan absoluto de terror psicológico.
El fantasma de Favaloro y el masoquismo nacional
Si de cardiología hablamos, está claro que el Dr. René Favaloro no inventó el bypass por una cuestión puramente médica; lo hizo porque sabía perfectamente lo que significa nacer en este suelo. Qué lástima que no esté acá para firmar las recetas de los millones de argentinos que hoy entramos en muerte clínica reversible. Un saludo al cielo, René, porque tu invento es lo único que mantiene a este país con pulso.

El 1 a 0: Un tierno recordatorio de que la felicidad no nos pertenece. Pusieron en jaque las emociones de 44 millones de almas (más los expatriados que sufren en HD).
El 2 a 0: El golpe de gracia. Lágrimas, promesas a santos que ni existen y la certeza de que la pelota, por alguna razón cósmica, odiaba la camiseta argentina.
“Porque ganar un partido con tranquilidad y festejando con una gaseosa fría es para tibios. Nosotros necesitamos el drama shakespeariano en el área chica.”
Resiliencia no, esto es resistencia coronaria
Pero claro, como la lógica no aplica en este territorio, pasó el milagro. Argentina sacó eso que le sobra: huevo, corazón y el peso de un pueblo ridículamente obstinado que exige una cuarta estrella, como si el sistema de salud pública pudiera soportarlo.
Del abismo total al 3 a 2. Una explosión de emociones tan violenta que pasamos de llorar de agonía a gritar como desquiciados en menos de lo que tarda en subir la presión arterial. Nuestra historia no se basa en la resiliencia; se basa en sobrevivir a la negligencia táctica y al infarto inminente.
Nota mental para el cuerpo técnico
Estamos en cuartos de final y esperamos rival, pero por el amor de Dios, tomen nota: no se puede seguir sufriendo así. Queremos otra estrella en la camiseta, sí, pero también queremos llegar vivos a los 50 años.
Aunque, seamos honestos… si de esto depende la gloria, que sigan jugando. Porque si algo demostró esta Selección es que rendirse no es negocio. Nosotros ponemos el corazón (y los remedios para la presión), y ustedes pongan los goles.
¡VAMOS ARGENTINA!
ALEJANDRO DUARTE

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