Otro capítulo glorioso en la era dorada del fútbol italiano. Sí, dorada… pero para los rivales.
La poderosa Selección de fútbol de Italia lo volvió a hacer: quedar afuera de un Mundial. Y no uno cualquiera, no. Tercera vez consecutiva. Porque si vas a fracasar, hacelo a lo grande, con constancia, con compromiso, con esa regularidad que antes se usaba para ganar copas.

2018, 2022 y ahora 2026. Trilogía impecable. Hollywood debería comprar los derechos.
En la helada noche de Zenica, Italia decidió rendir homenaje a su propia historia… ignorándola completamente. El país que inventó el Catenaccio, que formó a leyendas como Alessandro Del Piero, Francesco Totti, Andrea Pirlo, Paolo Maldini y Gianluigi Buffon, ahora perfeccionó un nuevo sistema táctico: el “no clasificar”.
Una revolución total del juego.
Mientras tanto, el Mundial abre sus puertas con selecciones como Curazao, Uzbekistán o Haití… porque claramente el problema no es el nivel, es que Italia está apostando a una experiencia más exclusiva: verlo desde el sillón, con mejor ángulo y sin presión.

El partido contra Bosnia fue una obra de arte del caos. Un gol de Moise Kean que ni él mismo debe entender cómo pasó, una expulsión que llegó justo cuando hacía falta complicar todo más, y un equipo que jugó como si el objetivo fuera recrear traumas pasados en tiempo real. Nostalgia pura.
Ni siquiera Gianluigi Donnarumma pudo atajarle los recuerdos a este equipo: Suecia, Macedonia del Norte… ahora Bosnia. La colección sigue creciendo.
Italia ya no toca fondo. Lo rediseña. Lo amplía. Lo convierte en un espacio habitable.
Y mientras el mundo se prepara para el Mundial 2026, la Azzurra también tiene todo listo: control remoto en mano, excusas en carpeta… y un lugar privilegiado en el ranking de “cómo arruinar una potencia histórica en tiempo récord”.
Pero tranquilos, seguro que para 2030… encuentran una nueva forma de superarse.

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