Porque claro, en la Chacra 179 parece que el problema no es la inseguridad… sino que los vecinos se animen a hablar de ella.
Después de una reunión muy productiva —de esas donde se “toman nota”, se “analiza la situación” y se promete “seguir trabajando”— los vecinos volvieron a sus casas con algo más que respuestas: una demostración práctica de cómo funciona el sistema. A las pocas horas, tiros y piedrazos a un auto. Gestión eficiente, sin dudas. Pedís seguridad y te llega… pero en forma de perdigones.

Los habitantes de la zona, que ingenuamente creían que reclamar era un derecho, ahora descubrieron que también puede ser una actividad de riesgo. Porque nada dice “estamos atendiendo el problema” como un ataque en plena madrugada con un arma tumbera. Un mensaje claro, directo y sin necesidad de conferencia de prensa.
Mientras tanto, los “aguantaderos” siguen firmes, casi como patrimonio barrial. La inseguridad crece, pero la respuesta institucional mantiene su ritmo habitual: reuniones, preocupación y algún que otro silencio estratégico. Todo muy en orden.
Eso sí, los vecinos ahora sumaron una nueva iniciativa comunitaria: además de cuidarse entre ellos, también piden cámaras de seguridad para ver si pueden identificar a quienes, aparentemente, están más organizados que cualquier política pública.
En resumen, en estas chacras no solo hay que cuidarse de los delincuentes… también de las consecuencias de decir que existen.

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