El panorama de la industria textil argentina ha dejado de ser una simple señal de alerta para convertirse en una verdadera crónica de un colapso anunciado. Un sector que supo ser el motor de miles de hogares hoy se desangra entre persianas bajas, máquinas cubiertas de polvo y un silencio fabril que estremece. Los datos del último Boletín Económico Sectorial de la Fundación Pro Tejer no hacen más que ponerle números a un drama social y económico que se profundiza día a día.
La parálisis es total. Las fábricas textiles operaron apenas al 36,6% de su capacidad durante el primer cuatrimestre del año. Dicho en crudo: 6 de cada 10 máquinas estuvieron completamente paradas. Desde la entidad fabril advierten, con lógica consternación, que estamos ante “el nivel de actividad más bajo de la historia para este periodo, exceptuando únicamente los meses de la pandemia”. Una herida histórica para el entramado productivo nacional.
Un cementerio de empresas y despidos masivos
Detrás de la frialdad de las estadísticas se esconde la desesperación de miles de familias. La recesión no perdona y el empleo es la principal víctima de este escenario adverso:
Pérdida de empleo récord: El sector de textil, confecciones, cuero y calzado lidera la caída del empleo asalariado registrado privado en todo el país, sufriendo un derrumbe del 20% desde diciembre de 2023.
Más de 24.000 familias en la calle: Esta debacle se tradujo en la pérdida de 24.097 puestos de trabajo directos, superando incluso la dolorosa caída de la construcción (-11%).
Desaparición de pymes: La estructura empresarial se está desintegrando. En un suspiro, se perdieron 874 establecimientos productivos en la cadena de valor, lo que significa que el 14% de las empresas del sector simplemente borró su nombre del mapa.
Rematar para sobrevivir: Rentabilidad en rojo
La asfixia financiera ha llevado a los empresarios a tomar medidas desesperadas. Para poder afrontar los implacables costos fijos y mantener las estructuras mínimas en pie, las firmas textiles se han visto obligadas a rematar sus stocks.
Esta liquidación forzada explica por qué el rubro de prendas de vestir y calzado es el que menos aumentó en toda la economía. En mayo de 2026, los precios del sector subieron apenas un 0,3% mensual y un 12% interanual, quedando penosamente rezagados frente a una inflación general que marchó al 2,1% mensual y 33,2% interanual. Lejos de ser una buena noticia para el consumidor, es el síntoma de una rentabilidad destructiva que carcome los cimientos de la producción local.
“Se están rematando stocks para poder afrontar los costos fijos, la rentabilidad de la cadena se encuentra completamente afectada”, sentenciaron desde Pro Tejer.
Para colmo de males, el famélico consumo interno que aún sobrevive está migrando. Con las ventas en shoppings cayendo un 4% interanual, el mercado local se está reconfigurando de la peor manera para la mano de obra argentina: el consumo se orienta mayoritariamente hacia los productos importados. La industria textil nacional, acorralada entre la recesión, los costos asfixiantes y la competencia externa, atraviesa su hora más oscura, deshilachándose ante la mirada impotente de un país que pierde sus fábricas.
ALEJANDRO DUARTE

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