22 de mayo de 2026

POLÉMICA POR SUPUESTOS AUDIOS: LA JUSTICIA INVESTIGA UNA POSIBLE VULNERACIÓN A LA SEGURIDAD PRESIDENCIAL

 

La difusión de una serie de supuestos audios “íntimos” atribuidos al presidente Javier Milei ha generado un revuelo político y judicial tremendo en las redes sociales. Porque, claro, lo que realmente le faltaba a la agenda nacional era debatir sobre los susurros privados del mandatario.

La denuncia —cuándo no— fue presentada por el siempre medido y poco polémico periodista Santiago Cúneo, y cayó mágicamente en las manos del juzgado federal de Ariel Lijo. El planteo busca determinar si existió una “filtración ilegal” de comunicaciones o si, simplemente, alguien no sabe usar el modo privado. Todo esto, por supuesto, bajo la noble sospecha de que el contenido podría poner en jaque la mismísima seguridad presidencial.

El detalle clave: El foco de la causa no está en el chisme del contenido íntimo (aunque a todos les encante), sino en que supuestamente se mencionan custodias y movimientos oficiales del mandatario. Un descuido técnico menor.

 

Para sumarle color a la trama, en las grabaciones aparece mencionada Rosemary “Oscurita” Maturana, un personaje del entorno libertario desde la campaña que, con ese apodo, claramente no levantaba ningún tipo de sospecha.

¿Espionaje de alta tecnología o una simple opereta?

Como era de esperarse, la viralización ya despertó teorías dignas de una película de Hollywood sobre espionaje internacional y acceso indebido a comunicaciones ultrasensibles. Desde el entorno del Gobierno, aplicando la vieja y confiable respuesta del manual de la política, ya aseguraron que todo se trata de una burda “operación política” armada exclusivamente para desgastar la impecable imagen de Milei.

Ahora la Justicia tendrá la titánica y urgentísima tarea de determinar si los audios son reales, cómo los consiguieron y si los sistemas de comunicación de la Presidencia son tan vulnerables como parecen.

El caso, obviamente, explotó en las redes sociales, logrando lo que nadie imaginaba: reinstalar el debate sobre la privacidad, el espionaje y el uso político de los carpetazos en medio de un clima político que ya de por sí era una total tranquilidad.

ALEJANDRO DUARTE