17 de junio de 2026

JUSTICIA POR DULCE: LA IMPOTENCIA Y EL DOLOR DE UN PUEBLO ANTE UN CONTEXTO MACABRO

Ha pasado un mes entero desde que la sonrisa de Dulce Candia, de tan solo 17 años, se apagó para siempre en Eldorado. Un mes de desgarro absoluto para su familia y amigos, marcado por la crueldad más vil y por una desidia que quema en el pecho. El horror se materializó de la forma más perversa el pasado 28 de mayo, cuando su cuerpo fue hallado con signos brutales de asfixia en una obra en construcción abandonada del barrio El Tucán. Lo que agiganta la indignación y la bronca es saber que días antes, en un acto de abandono institucional imperdonable, las autoridades se negaron a tomar la denuncia por desaparición que desesperadamente intentaba radicar su madre. La dejaron sola. Nos dejaron solas.

La investigación criminal no tardó en posar sus sospechas sobre Mario Alberto Y., un remisero de 46 años que conocía a la menor desde hacía tiempo. Los testimonios lo ubican de manera directa en las inmediaciones de esa tétrica obra en construcción, merodeando junto a la víctima antes de que la despojaran de la vida. Con el correr de las semanas, los allanamientos, las pericias técnicas y las declaraciones testimoniales no hicieron más que cercar al imputado, sepultándolo bajo el peso de su presunta autoría en este femicidio.

Pero el dolor cala aún más hondo, destrozando cualquier rastro de calma. La causa judicial ha destapado una trama verdaderamente siniestra que va más allá del asesinato: se investiga con vehemencia si Dulce era además víctima de una red de explotación sexual. En el radar de los investigadores irrumpió con fuerza la figura de una vecina, señalada directamente por un testigo como la presunta proxeneta que violentaba y entregaba a la menor de edad. Para colmo de males y complicidades de este infierno, los testimonios policiales vinculan directamente a esta reclutadora con el remisero detenido.

En medio de este océano de preguntas y de un desconsuelo indomable, una revelación proveniente del propio entorno familiar del acusado terminó por helar la sangre de la comunidad. Una declaración clave acusa a Mario Alberto Y. de haber “mandado a matar” a la joven Dulce, motivado por el pánico ante un supuesto embarazo en curso. Aunque la autopsia preliminar no arrojó signos de gestación, la Justicia espera con urgencia los análisis genéticos y de ADN definitivos; exámenes cruciales que no solo desenterrarán la verdad sobre este agravante, sino que prometen dejar grabada de forma indeleble la huella biológica del monstruo en el cuerpo de la víctima.

Mientras los tiempos procesales avanzan con una lentitud que exaspera y lástima, la familia de Dulce resiste en pie, aferrada a las pancartas, al llanto colectivo y a un grito de justicia que exige no quedar en el olvido. Resulta trágico e intolerable saber que múltiples personas del entorno sabían de la relación asimétrica que este hombre mantenía con la adolescente y que nadie, absolutamente nadie, se atrevió a romper el silencio para salvarla.

¡JUSTICIA POR DULCE CANDIA!

ALEJANDRO DUARTE