17 de mayo de 2026

EL PIRATA CORDOBÉS ¿ENCONTRÓ EL TESORO… O TODAVÍA LE FALTA SAQUEAR UN PAR DE GIGANTES MÁS?

 

“El Belgrano de los milagros”, gritaba el relator partidario mientras medio Córdoba necesitaba un electrocardiograma y la otra mitad ya estaba prometiéndole velas a todos los santos conocidos. Y la verdad… por primera vez en mucho tiempo el apodo no sonaba exagerado.

Porque Belgrano hizo lo imposible: jugó mal por momentos, sufrió siempre, estuvo abajo en el marcador casi como una tradición institucional y aun así volvió a sobrevivir. Como esos villanos de película que parecen derrotados pero siempre encuentran una bala más en el cargador.

El “Pirata Cordobés” otra vez sacó pecho donde la lógica se tiró de cabeza desde un décimo piso. Empató un partido que parecía perdido, lo aguantó con uñas, dientes y algo de ayuda divina, y lo llevó a una tanda de penales donde hasta los cardiólogos ya estaban calculando cuántas horas extras iban a facturar el lunes.

Hubo goles, atajadas, palos que sonaron más fuerte que un bombo en Alberdi, hinchas rezando, otros insultando al universo y varios neutrales preguntándose cómo demonios Belgrano seguía vivo. Pero claro… en el fútbol la lógica sirve más o menos lo mismo que un paraguas en un tsunami.

Y cuando todo parecía terminado apareció el arquero. Porque toda historia absurda necesita un héroe improbable. Se vistió de santo, de muralla y de traumatólogo emocional para que Belgrano pueda gritar por primera vez en su historia: “ESTAMOS EN LA FINAL”.

Córdoba explota. El fernet corre como agua bendita y el cuarteto seguramente ya tiene preparada la canción homenaje para una campaña que nadie esperaba… excepto los hinchas de Belgrano, que viven convencidos de que sufrir es parte del reglamento.

Pero ahora del otro lado aparece River. Sí, River. Ese River que probablemente prefería cualquier rival antes que volver a cruzarse con estos muchachos especialistas en traumas ajenos. Porque la historia tiene humor negro y el destino claramente consume sustancias raras.

El domingo 24 volverán a verse las caras. Otra vez. Como si el fútbol argentino necesitara seguir exprimiendo una herida que jamás cicatrizó del todo. River y Belgrano. Un título en juego. Uno campeón. El otro obligado a tragarse otro año de frustraciones y programas deportivos explicando “qué pasó”.

No es una promoción. No hay descenso. No hay fantasmas del Nacional B caminando por Núñez… aunque algunos todavía escuchan cadenas cuando nombran a Córdoba.

Las realidades cambiaron, sí. Pero las cicatrices no vencen nunca. Y River lo sabe. Porque hay rivales que te ganan partidos… y hay otros que te arruinan recuerdos para siempre.

Las cartas están echadas. El destino ya escribió algo… pero como buen guionista del fútbol argentino, seguramente se está riendo mientras nosotros intentamos entenderlo.

ALEJANDRO DUARTE