La lesión de Leandro Brey no solo encendió las alarmas en Boca Juniors: también abrió esa puerta que en el fútbol suele aparecer cuando todo parece salir mal… pero para alguien termina siendo la oportunidad de su vida.
El episodio ocurrió en Guayaquil, durante el partido ante Barcelona de Ecuador. A los 24 minutos del primer tiempo, Brey tuvo que salir tras un fuerte choque con Byron Castillo que lo dejó sentido en la cadera. Un golpe que dolió doble: por el presente inmediato del equipo y porque se suma a la baja previa de Agustín Marchesín. Sí, cuando parece que puede faltar algo más… falta.

En medio de ese panorama, Javier García volvió a pisar la cancha después de más de dos años. Una especie de “volver al ruedo” que nadie tenía en el guion. Pero claro, el fútbol no espera, y el entrenador Claudio Úbeda tuvo que mirar hacia donde muchas veces se mira solo cuando no queda otra: las inferiores.
Y ahí aparece la historia que cambia el tono del relato.
Fernando Rodríguez, 21 años, misionero de Santo Pipó. De esos nombres que hasta hace poco estaban lejos de los titulares, pero cerca del sacrificio cotidiano. Ya había sido convocado en abril como tercer arquero ante Cruzeiro, en Brasil. Aquella vez viajó, miró, aprendió… y volvió. Ahora, el contexto —caprichoso, como siempre— podría empujarlo un paso más arriba: al banco del primer equipo.
El joven firmó su primer contrato profesional en febrero de 2025 (hasta 2028) y viene sumando minutos en Reserva con números sólidos: 15 partidos, apenas 10 goles recibidos y cinco vallas invictas. Incluso fue titular en el Superclásico de la categoría, con triunfo 2-0. Nada mal para alguien que “todavía está en formación”, según dirían algunos.
Pero su historia no empezó en La Bombonera, claro. Arrancó en la Escuela Barrio Unido de Santo Pipó, siguió en Crucero del Norte y, como tantos otros, llegó a Boca gracias al ojo de algún buscador de talentos que, por una vez, acertó antes que el destino.
Ahora, si todo se confirma, podría estar en el banco este sábado ante Huracán y también en el duelo clave del martes por Copa Libertadores frente a Universidad Católica.

Ironías del fútbol: una lesión que preocupa a un gigante puede ser el empujón que necesitaba un pibe del interior para asomarse a lo más alto.
Porque mientras Boca reacomoda sus piezas, en Misiones —seguro— alguien ya se ilusiona. Y no es para menos.
ALEJANDRO DUARTE

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