26 de agosto de 2026

CUANDO LA CACERÍA SE CONVIERTE EN UNA SENTENCIA: TRES AÑOS DE PRISIÓN POR MATAR A UN YAGUARETÉ

 

Hay imágenes que no deberían existir. Imágenes que duelen, que indignan y que obligan a preguntarnos cuánto estamos dispuestos a perder como sociedad. La persecución y caza de un yaguareté no fue solamente el final de la vida de un animal: fue otro golpe contra una especie que lucha, desde hace décadas, por sobrevivir en nuestros montes.

El Juzgado Federal Nº 2 de Formosa condenó mediante juicio abreviado al hombre que había publicado en sus redes sociales un video en el que exhibía la persecución y caza de un ejemplar macho de yaguareté, junto a otras personas. El hecho habría ocurrido el 19 de diciembre de 2022, en inmediaciones de Clorinda.

La Justicia aplicó la máxima pena prevista para el delito de caza prohibida de animales silvestres agravada por la participación de tres o más personas: tres años de prisión en suspenso. Los fundamentos de la sentencia serán conocidos el próximo 7 de septiembre.

Puede parecer una condena que llega tarde. Y, en cierto modo, lo es. Porque para cuando aparece una sentencia, el animal ya no está. No puede volver al monte. No puede reproducirse. No puede ocupar el lugar que durante miles de años tuvo dentro del ecosistema.

Pero esta vez, al menos, la Justicia puso un límite.

Y ese límite resulta todavía más importante cuando hablamos del yaguareté, una especie considerada en peligro crítico de extinción en Argentina. La destrucción de su hábitat, la falta de presas naturales y la caza furtiva han reducido dramáticamente sus posibilidades de supervivencia.

En 2001, la Argentina decidió otorgarle la máxima categoría de protección posible a nivel nacional: fue declarado Monumento Natural Nacional.

Sin embargo, parece que todavía hay quienes no entienden que proteger un yaguareté no es simplemente proteger a un animal.

Es proteger el monte.

Es proteger el equilibrio de la naturaleza.

Es proteger una parte de nuestra identidad.

Y es, también, proteger la posibilidad de que las futuras generaciones conozcan a este majestuoso felino fuera de una fotografía vieja, de un documental o de un museo.

Este caso se suma a otra condena dictada por el Juzgado Federal Nº 1 de Formosa contra cuatro cazadores de otro ejemplar de yaguareté. Tres de ellos recibieron dos años de prisión de cumplimiento efectivo bajo la modalidad de prisión domiciliaria.

Dos casos. Dos animales menos. Dos heridas abiertas en una especie que ya sobrevive al límite.

La decisión judicial celebrada por la Administración de Parques Nacionales representa un precedente importante. No porque pueda devolver la vida a los ejemplares asesinados, sino porque puede enviar un mensaje claro: la fauna silvestre no es un trofeo, no es entretenimiento y mucho menos una fotografía para presumir en las redes sociales.

El yaguareté no necesita aplausos después de muerto.

Necesita que lo dejen vivir.

Porque cuando desaparece un animal de esta especie, no solamente perdemos un ejemplar. Perdemos una pieza irremplazable de un ecosistema que también nos pertenece.

Y quizás esa sea la parte más dramática de esta historia: mientras algunos festejan una cacería, la naturaleza cuenta silenciosamente cuántos quedan.

ALEJANDRO DUARTE