Lo que prometía ser un tranquilo recorrido matutino terminó convirtiéndose en un espectáculo digno de una superproducción, cuando un colectivo de la empresa Crucero del Norte decidió transformarse en una antorcha sobre la ruta provincial 103, a la altura del acceso a Mártires.
El micro avanzaba en su habitual trayecto entre Santa Ana y Oberá, hasta que, como si el destino necesitara un poco de dramatismo, un foco ígneo comenzó a gestarse en el sector del motor. ¿La causa? Un presunto desperfecto eléctrico, ese clásico villano silencioso que aparece cuando menos se lo espera.

Al mando del vehículo iba un chofer de 35 años que, junto a los pasajeros, protagonizó una evacuación tan oportuna como milagrosa: nadie resultó herido. Un detalle casi irónico si se tiene en cuenta que, en cuestión de minutos, las llamas decidieron adueñarse de la totalidad del rodado sin pedir permiso.
En el lugar trabajaron los bomberos de la Unidad Regional II y voluntarios, quienes enfrentaron el fuego con rapidez para evitar que la escena pase de dramática a catastrófica. Lograron sofocar las llamas, aunque el colectivo ya había perdido la batalla.

La Policía ahora investiga las causas del siniestro, mientras el episodio deja una imagen difícil de olvidar: un viaje cotidiano que, sin previo aviso, se convirtió en una postal ardiente de la imprevisibilidad en las rutas misioneras.
ALEJANDRO DUARTE

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