La cátedra de hoy tiene una sola enseñanza:
Cómo ser multimillonario y seguir jugando como si todavía estuvieras en el potrero.
La Selección Argentina lo demuestra cada vez que sale a la cancha.
Porque cuando el potrero se pone la celeste y blanca, cuando a los mejores botines los guía un corazón de barrio, cuando los millones no alcanzan para borrar las huellas de los pies descalzos, de las rodillas raspadas, de la tierra dura y de la canchita de la esquina…
entonces suceden cosas extraordinarias.

Durante muchos años nos hicieron creer que el éxito alejaba de las raíces, que los millones borraban la memoria y que el lujo reemplazaba a la esencia.
Pero esta Selección vino a demostrar exactamente lo contrario.
Hoy tienen los autos más caros, los mejores botines, las pelotas más modernas y juegan sobre el césped más perfecto.
Sin embargo, cada pase, cada gambeta, cada pelota dividida, sigue teniendo olor a barrio.
Porque el potrero no desapareció.
El potrero viaja con ellos.
Vive en cada sacrificio, en cada abrazo, en cada esfuerzo, en cada camiseta transpirada.
Por eso Argentina llegó a otra final.
Porque nunca fue solamente fútbol.
Fue pasión.
Fue historia.
Fue identidad.
Fue memoria.
Fue la certeza de que las raíces nunca dejaron de estar ahí.
Y para quienes todavía dudan, para quienes siguen sin comprender la esencia de este equipo, solo queda repetir una verdad que atraviesa generaciones:
EL POTRERO NO SE MANCHA.
Alejandro Duarte

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