El temporal que azotó a Eldorado el último jueves volvió a poner a la ciudad frente a una realidad que no puede ser ignorada: cuando la naturaleza golpea con fuerza, las necesidades de los vecinos aparecen de manera inmediata y la capacidad de respuesta del Estado queda expuesta.
Más de 250 familias damnificadas recibieron asistencia luego de la tormenta. La emergencia obligó a movilizar recursos de Acción Social, Protección Civil, Obras Públicas y el área de luminarias, mientras desde la Provincia llegaron chapas, colchones y frazadas para reforzar la asistencia.
El dato más importante, dentro de semejante escenario, es que no hubo que lamentar víctimas fatales. Pero eso no significa que el temporal haya sido menor. Los daños materiales fueron importantes, especialmente en distintos sectores de la Zona Oeste, y dejaron al descubierto una vez más la vulnerabilidad de muchas familias frente a fenómenos meteorológicos cada vez más intensos.
Incluso el propio intendente Rodrigo “Pipo” Durán participó de las tareas de asistencia y terminó con lesiones menores luego de sufrir una caída mientras colaboraba en la reparación de un techo. Una imagen que, más allá de lo anecdótico, muestra la dimensión de una emergencia que obligó a funcionarios y trabajadores municipales a salir de sus oficinas para ponerse al frente de la situación.
Pero pasada la primera urgencia aparece otro problema: reconstruir.
La infraestructura eléctrica es uno de los principales desafíos. A los daños provocados por el temporal se suma una problemática que viene creciendo y que también requiere respuestas: el robo de cables de aluminio y componentes eléctricos en espacios públicos como la Costanera y distintas plazas.
Las cuadrillas municipales deben priorizar ahora la reparación de cables caídos y sectores considerados críticos, entre ellos el Parque Schwelm y el Museo del Fundador, además de garantizar el funcionamiento de las bombas de agua, un servicio esencial para la comunidad.
Y mientras esas tareas se realizan, otros reclamos quedan momentáneamente en espera. El recambio de luminarias quemadas en distintos barrios deberá aguardar, por lo que desde el municipio pidieron paciencia a los vecinos.
La pregunta, sin embargo, no es solamente cómo reparar lo que rompió la tormenta, sino cómo prepararse para lo que viene.
La posibilidad de que el fenómeno de El Niño continúe generando condiciones de inestabilidad durante octubre y noviembre llevó al municipio a formalizar un Comité de Crisis y elaborar un plan de contingencia. Las obras de canalización realizadas previamente en distintos arroyos, según se explicó, demostraron ser efectivas y evitaron inundaciones en sectores bajos que históricamente sufrían anegamientos.
Eso es una señal positiva, pero no suficiente.
La prevención debe convertirse en una política permanente y no aparecer únicamente cuando el cielo se oscurece y comienza la tormenta. Policía, Bomberos, Protección Civil y las distintas áreas municipales deberán mantener una coordinación permanente para responder ante nuevas emergencias, especialmente frente a la posibilidad de fuertes tormentas y granizadas.
Porque el cambio climático y la reiteración de fenómenos meteorológicos extremos obligan a pensar en una ciudad preparada no solamente para reparar, sino fundamentalmente para prevenir.
El temporal también tuvo consecuencias económicas. Las actividades recreativas previstas por el Black Friday en la Plaza Sarmiento debieron suspenderse y el evento no alcanzó el impacto esperado. Detrás de una actividad suspendida también hay comerciantes que apostaron, trabajadores que esperaban movimiento y una economía local que necesita cada oportunidad para recuperarse.
Por eso, la posibilidad de reprogramar esas actividades aparece como una alternativa necesaria para acompañar al comercio de Eldorado.
Hoy la ciudad atraviesa una etapa crítica: asistir a quienes perdieron parte de sus bienes, reparar infraestructura, garantizar agua y seguridad eléctrica y, al mismo tiempo, prepararse para nuevas contingencias.
Más de 250 familias asistidas representan más de 250 historias detrás de una tormenta. Familias que quizás perdieron un techo, muebles, herramientas o simplemente la tranquilidad de saber que su casa puede resistir el próximo temporal.
Eldorado deberá reconstruirse una vez más. Pero reconstruir no significa solamente volver a poner una chapa o levantar un cable caído. También significa aprender de cada emergencia, fortalecer la prevención y entender que los fenómenos climáticos extremos ya no son una excepción.
La tormenta pasó. Ahora comienza el verdadero desafío: que la ciudad esté mejor preparada cuando llegue la próxima.
ALEJANDRO DUARTE

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