Hay números que no son simplemente estadísticas. Hay números que tienen rostro, tienen familias detrás y cuentan historias de personas que todos los meses hacen malabares para llegar a fin de mes. Y cuando hablamos de endeudamiento, hablamos precisamente de eso: de hogares que empiezan a quedar atrapados en una rueda de créditos, tarjetas y cuotas que cada vez cuesta más sostener.
Un informe elaborado por EcoGo junto con la Universidad Austral encendió una nueva luz de alarma: 12 de las 24 jurisdicciones del país tenían en julio al menos al 30% de sus deudores con atrasos en créditos personales o tarjetas.
La cifra nacional tampoco deja demasiado espacio para el optimismo. El 26,6% de los deudores se encontraba en situación de mora, mientras que el monto atrasado representaba nada menos que el 18% del total prestado.
Y como si esto fuera poco, el crédito destinado a las personas cayó 0,7% en términos reales respecto de junio.
Detrás de cada porcentaje hay una realidad que no aparece en las planillas: una familia que utiliza la tarjeta para comprar alimentos, alguien que pide un préstamo para pagar otra deuda, un trabajador que financia una factura, un jubilado que estira sus ingresos hasta donde puede y una clase media que descubre, mes tras mes, que aquello que antes podía pagar hoy se convierte en una montaña imposible de escalar.
Porque cuando el crédito deja de ser una herramienta para convertirse en la única manera de sobrevivir, algo está fallando.
El problema no es solamente cuánto deben las familias. El verdadero problema es por qué necesitan endeudarse cada vez más para sostener una vida cotidiana que debería poder financiarse con sus ingresos.
La mora es el síntoma. El endeudamiento creciente es la señal de alarma.
Y mientras las estadísticas hablan de porcentajes, detrás de esos porcentajes hay hogares que comienzan a elegir qué pagar y qué dejar para después. La luz o la tarjeta. La comida o la cuota. El alquiler o el préstamo.
Ese es quizás el dato más dramático de todos: cuando una familia empieza a endeudarse para cubrir necesidades básicas, ya no estamos frente a una cuestión financiera; estamos frente a un problema social.
El mapa de la deuda vuelve a encender las alarmas. Y sería peligroso mirar para otro lado, porque una sociedad que necesita endeudarse para llegar a fin de mes puede sostener la apariencia de normalidad durante un tiempo, pero tarde o temprano la cuenta llega.
Y cuando llega, no siempre se paga con dinero.
ALEJANDRO DUARTE

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