Hay momentos en los que una provincia no puede darse el lujo de esperar. Y Misiones, particularmente su sector yerbatero, parece haber llegado precisamente a ese punto.
El convenio firmado entre los gobiernos de Misiones y Buenos Aires para incorporar alimentos misioneros, entre ellos la yerba mate, al programa Mercados Bonaerenses aparece como una oportunidad concreta para abrir nuevos canales de comercialización. Pero detrás de las palabras oficiales y de las fotografías protocolares existe una realidad mucho más dura: el productor yerbatero viene soportando una crisis que amenaza directamente su supervivencia.
El ministro del Agro y la Producción, Facundo López Sartori, destacó que poder colocar yerba de cooperativas y pequeñas marcas en los grandes espacios de comercialización bonaerenses puede significar un impulso importante. Y no es un dato menor: estamos hablando de un territorio con millones de consumidores y de uno de los mercados más grandes del país.
Pero la pregunta inevitable es otra: ¿por qué Misiones tiene que salir desesperadamente a buscar mercados para sostener una producción que durante décadas fue uno de los pilares de su economía?
La respuesta tiene un nombre que todavía genera preocupación en las chacras: desregulación.
El derrumbe del precio de la materia prima golpeó con fuerza al eslabón más débil de una cadena en la que el productor pocas veces tiene capacidad real para decidir. Mientras las grandes estructuras comerciales encuentran alternativas, el pequeño productor mira los números, calcula los costos y descubre que trabajar la tierra puede dejar de ser rentable.
Y cuando una chacra deja de ser rentable, no desaparece solamente una actividad económica.
Desaparece una familia detrás de ella.
Desaparece el esfuerzo de generaciones. Se pierde arraigo. Se debilita el interior. Y, lentamente, se empieza a vaciar una parte de la identidad productiva de Misiones.
Por eso, el convenio con Buenos Aires puede ser importante. Puede abrir puertas, generar ventas directas, fortalecer cooperativas y permitir que pequeñas marcas tengan acceso a consumidores que, de otra manera, resultarían prácticamente inaccesibles.
Pero tampoco debemos confundir una oportunidad comercial con la solución definitiva de una crisis estructural.
La yerba mate necesita mercado, sí. Pero también necesita precio, previsibilidad, reglas claras y un productor que pueda vivir dignamente de su trabajo.
La visita del gobernador Axel Kicillof y los acuerdos firmados con Hugo Passalacqua muestran que, frente a determinadas problemáticas, las provincias están buscando mecanismos de cooperación y alternativas propias.
Mientras tanto, en las chacras misioneras sigue existiendo una pregunta que no puede ser ignorada:
¿QUIÉN VA A DEFENDER AL QUE PRODUCE?
Porque la yerba mate puede llegar a las góndolas de Buenos Aires. Puede llegar a nuevos mercados. Puede convertirse en una marca reconocida y encontrar consumidores en todo el país.
Pero antes debe sobrevivir quien la produce.
Y ahí está el verdadero drama.
MISIÓNES NO ESTÁ PIDIENDO UN FAVOR. ESTÁ PIDIENDO QUE SU PRODUCTOR PUEDA SEGUIR PRODUCIENDO.
ALEJANDRO DUARTE

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