Hay derrotas que duelen, otras que se recuerdan y algunas que directamente se convierten en patrimonio histórico del fútbol. El 5 de septiembre de 1993 ocurrió esto último: Colombia llegó al Monumental, miró a la Selección Argentina a los ojos y se fue con un 5-0 que todavía resuena como una de las mayores goleadas sufridas por la Albiceleste en casa.
Aquel día, mientras las tribunas esperaban una fiesta argentina y seguramente alguno ya imaginaba la clasificación encaminada, el equipo dirigido por Alfio “Coco” Basile recibió una clase magistral de fútbol cafetero. Y no fue una clase con pizarrón y tiza: fue a puro gol.
Freddy Rincón se encargó de abrir la herida con un doblete. Faustino “Tino” Asprilla aportó otros dos golpes y Adolfo “El Tren” Valencia puso el quinto. Cinco goles. Ni uno más, ni uno menos. Una cifra bastante incómoda para quienes habían llegado al estadio esperando celebrar.
Colombia no ganó por casualidad, por suerte ni porque la pelota “se portó mal” con Argentina. Ganó porque fue superior, contundente y aprovechó cada oportunidad. Argentina, en cambio, quedó atrapada en una de esas tardes en las que nada sale bien: ni el juego, ni las ideas, ni la reacción.

Lo curioso es que aquel resultado no fue simplemente una goleada. Se transformó en un símbolo. El Monumental, acostumbrado a ser territorio de celebraciones, terminó convertido en escenario de una de las páginas más gloriosas de la historia del fútbol colombiano.
Y mientras Argentina intentaba entender qué había pasado, Colombia ya estaba escribiendo su propia leyenda.
Hoy, 33 años después, el marcador sigue siendo imposible de disimular: ARGENTINA 0 – COLOMBIA 5.
Porque hay partidos que se olvidan con el tiempo. Y hay otros que el tiempo se encarga de recordar cada vez que llega el 5 de septiembre.
Este, definitivamente, pertenece a la segunda categoría.
ALEJANDRO DUARTE

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