18 de agosto de 2026

TRES CORAZONES, UN SOLO “SÍ”: EL CASAMIENTO QUE ROMPIÓ EL MOLDE EN SANTO TOMÉ

 

Hay historias de amor que vienen con dos protagonistas, una marcha nupcial, arroz y una torta de dos muñequitos. Y después están Aldana, Walter y Fiama, que decidieron mirar el manual de las tradiciones matrimoniales, sonreír… y guardarlo en el cajón.

El pasado 15 de agosto, Santo Tomé fue escenario de una celebración tan particular como genuina: un casamiento de a tres. Porque si el amor, como dicen, no tiene límites, ellos decidieron llevar esa frase bastante lejos.

Los tres se conocieron trabajando. Allí, entre jornadas laborales y seguramente alguna que otra mirada cómplice, nació una historia que terminó convirtiéndose en algo mucho más grande. Primero fue el amor y después llegó el “¿y por qué no?”. Y así, lo que para algunos puede parecer extraño, para ellos simplemente es su manera de quererse.

La invitación ya avisaba que aquella noche no sería precisamente convencional: las iniciales de los tres y una frase que lo decía todo: “El triángulo perfecto”.

Y si alguien todavía tenía dudas sobre la geometría sentimental de la celebración, apareció la torta para despejarlas. Tres muñequitos coronaban el festejo, representando a los protagonistas. Y Walter, fiel a sus pasiones, apareció con la camiseta de Boca y un cartel pidiendo “AYUDA”. Porque una cosa es comprometerse por amor y otra, aparentemente, sobrevivir a semejante triángulo… ¡y encima siendo bostero!

El casamiento formal había ocurrido meses atrás en Uruguay, pero esta vez tocaba celebrar con amigos, familia y toda la alegría posible una historia que decidió no pedirle permiso a las costumbres.

Porque quizás el amor no siempre entiende de fórmulas. A veces no es 1 + 1 = 2. A veces la cuenta cambia, la ecuación se complica y, sin embargo, el resultado sigue siendo el mismo: personas que se quieren, se eligen y deciden compartir la vida.

Mientras algunos todavía discuten cuál es la manera “correcta” de amar, Aldana, Walter y Fiama simplemente hicieron algo bastante más sencillo: se amaron a su manera.

Y tal vez ahí esté la verdadera ironía de esta historia: en un mundo donde sobran reglas para decirnos cómo debemos vivir, ellos encontraron la fórmula más rebelde de todas.

Tres corazones, una historia y un “sí” que, definitivamente, vino en plura.

ALEJANDRO DUARTE