6 de septiembre de 2026

PUERTO PIRAY: DOS BALDES, UN TANQUE Y UNA PROMESA DE AGUA POTABLE

 

En Puerto Piray, el problema del agua potable parece haber entrado en una nueva etapa: la etapa de los dos baldes. Porque cuando los vecinos reclaman un servicio esencial, la respuesta parece ser una postal de eficiencia municipal: empleados intentando limpiar un tanque de enormes dimensiones con herramientas que difícilmente podrían resolver siquiera la limpieza de un patio.

Después de semanas de reclamos, sesiones en el Concejo Deliberante, carteles y hasta acampes frente al edificio comunal, finalmente comenzaron las tareas de limpieza del tanque cisterna del barrio San José. Una noticia que, en principio, debería haber llevado tranquilidad. Pero ocurrió exactamente lo contrario.

Según denunciaron vecinos, en el interior del tanque se encontró más de un metro de barro acumulado, residuos y hasta animales muertos. Es decir, aparentemente no estamos hablando simplemente de un tanque que necesitaba una pequeña lavada de cara, sino de una infraestructura que requiere una intervención seria, profesional y, sobre todo, compatible con la importancia que tiene almacenar el agua que consume una comunidad.

Pero ahí apareció otro capítulo de esta historia: la metodología.

“Es técnicamente imposible limpiar un tanque de veinte metros de diámetro con dos baldes de veinte litros y en un solo día”, cuestionó el vecino Juan Carlos Torres. Una observación bastante difícil de discutir. Porque si la estrategia para garantizar agua potable consiste en dos baldes y un cronograma exprés, quizás el próximo paso sea contratar a alguien con una esponja para resolver el problema de toda la red.

Lo más llamativo es que el Concejo Deliberante había acordado la presencia de un veedor propuesto por los propios vecinos. Sin embargo, durante los trabajos se prescindió de su compañía. Y, según los testimonios, las tareas incluso se habrían detenido mientras los vecinos permanecían en el lugar.

En una cuestión tan delicada como el agua potable, la transparencia no debería ser un lujo ni una concesión. Debería ser una obligación.

Mientras tanto, las denuncias por casos de gastroenteritis y la preocupación de las familias obligaron a que el EPRAC tome cartas en el asunto. Su presidenta, Soledad Balán, confirmó el inicio de actuaciones, monitoreos y toma de muestras para determinar qué está ocurriendo.

Y dejó una frase que resume perfectamente la dimensión del problema: “Lo que no se invierte en agua se termina invirtiendo en salud”.

Quizás ahí esté la verdadera cuestión.

Porque el agua potable no es un favor que se le hace a los vecinos. No es una obra ornamental, ni una promesa electoral, ni un servicio que pueda resolverse con parches cuando la comunidad protesta. Es un derecho básico.

Puerto Piray no está reclamando una fuente de agua mineral importada ni una piscina olímpica en cada barrio. Está reclamando algo mucho más elemental: abrir una canilla y tener la certeza de que el agua que sale es segura para consumir.

Y si para conseguirlo hacen falta carteles, sesiones, acampes, reclamos y finalmente la intervención del organismo regulador, entonces el problema ya no es solamente la calidad del agua.

El problema es la calidad de la respuesta.

Porque mientras algunos parecen creer que la solución entra en dos baldes de veinte litros, las familias de Puerto Piray siguen esperando algo bastante más grande: agua potable de verdad.

ALEJANDRO DUARTE