Claro. Le doy un tono más irónico y crítico,
En Misiones parece que finalmente alguien descubrió que las fotos lindas, los folletos y los stands relucientes de las ferias no pagan sueldos, no llenan habitaciones y, mucho menos, mantienen abiertos los pequeños emprendimientos turísticos cuando llega la temporada baja.
Por eso, el Gobierno provincial decidió hacer cuentas y reasignar $313 millones que originalmente estaban destinados al despliegue de Misiones en la Feria Internacional de Turismo (FIT) de Buenos Aires. El dinero, ahora, irá directamente al Fondo Anticíclico de Demanda Turística durante septiembre y octubre.
Eso sí: que nadie se asuste. La provincia no abandona la FIT. Simplemente decidió gastar un poco menos en la vidriera y poner algo más en la caja registradora de quienes viven del turismo. Porque, después de todo, una cosa es promocionar Misiones y otra bastante diferente es lograr que los prestadores puedan sobrevivir hasta que lleguen los visitantes.
La decisión tiene algo de sentido común, aunque haya tardado en aparecer: ¿de qué sirve mostrarle al país las maravillas de Misiones si los empresarios, emprendedores y trabajadores del sector están haciendo malabares para llegar al verano?
El Fondo Anticíclico tendrá una distribución escalonada. Primero estarán los pequeños alojamientos, lodges, emprendimientos de turismo rural y proyectos familiares o comunitarios del interior. Después llegará el turno de los hoteles de 3 y 4 estrellas y, finalmente, los establecimientos premium.
Una especie de fila india económica donde, por una vez, se pretende que los que están más abajo tengan prioridad.
La apuesta es sostener el empleo, mover el consumo interno y evitar que los meses de menor actividad se conviertan en una temporada de supervivencia para quienes dependen directamente del turismo.
Porque la realidad es bastante menos glamorosa que una feria internacional: detrás de cada destino turístico hay familias, empleados, pequeños comerciantes, gastronómicos, transportistas y prestadores que necesitan que alguien llegue con una reserva y no solamente con una cámara de fotos.
Así que Misiones seguirá estando en la FIT, habrá promoción, habrá presencia institucional y seguramente habrá muchas fotografías sonrientes.
Pero esta vez, al menos una parte de esos recursos también intentará llegar al territorio.
Porque promocionar el turismo está muy bien; conseguir que el turismo deje plata en Misiones está bastante mejor.
Y si además esa plata sirve para que los pequeños prestadores puedan atravesar septiembre y octubre sin tener que bajar la persiana, entonces quizá por fin la publicidad turística haya encontrado su destino más importante: el bolsillo de quienes mantienen vivo al turismo misionero durante todo el año.
ALEJANDRO DUARTE

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