8 de agosto de 2026

ESCUELA 773,LA INCERTIDUMBRE Y EL DESCONTENTO AMENAZAN CON SOFOCAR A LA COMUNIDAD EDUCATIVA

La paciencia tiene un límite, y en la Escuela N.º 773 ese límite parece haberse rebasado por completo. Lo que debió ser una jornada escolar habitual este último viernes se transformó en un tenso y dramático episodio que expone, una vez más, la profunda herida abierta en el corazón de la comunidad educativa: la desorganización, el silencio oficial y una infraestructura que sigue sin respuestas.

La viva discusión entre una madre y el director de la institución no fue un hecho aislado ni un simple exabrupto individual. Fue el síntoma visible de un malestar social que se incuba desde hace tiempo. La escena, cargada de angustia y reclamos a viva voz, reflejó la impotencia de las familias que observan con profunda preocupación cómo la gestión interna parece desmoronarse entre interrogantes sin responder.

Sombras sobre la gestión y la incertidumbre docente

A la tirantez con la dirección se sumaron serios cuestionamientos hacia el rol de la supervisión escolar y la sorpresiva incorporación de una nueva docente. ¿Qué función viene a cumplir? ¿Qué grado estará a su cargo? La falta de claridad y la ausencia de una comunicación transparente no hacen más que sembrar desconfianza. En un espacio donde la previsibilidad y la contención deberían ser la regla, hoy reinan la especulación y la deriva institucional.

El fantasma del edificio inconcluso

Resulta imposible desvincular este episodio del verdadero trasfondo de la crisis: la interminable espera por la finalización del nuevo edificio escolar. Las promesas incumplidas y las obras paralizadas se han convertido en una sombra constante que asfixia el día a día de docentes, alumnos y tutores. La comunidad no solo exige paredes dignas; clama por el derecho elemental de sus hijos a educarse en un entorno seguro, ordenado y previsible.

La Escuela 773 atraviesa horas decisivas. Si las autoridades educativas no intervienen con urgencia para aportar claridad, diálogo genuino y soluciones concretas, el conflicto no hará más que profundizarse. La educación de nuestros niños no puede seguir siendo rehén de la desidia ni del abandono institucional.

ALEJANDRO DUARTE