Cuando el principal socio político empieza a hablar en voz alta, es porque el silencio ya dejó de ser una opción. Mauricio Macri volvió a marcar territorio y lanzó un mensaje que, más que una sugerencia, sonó a ultimátum: “Mantener a Adorni es retrasar el cambio”.
Durante una reunión del PRO en Mar del Plata, el expresidente dejó flotando una advertencia que hizo mucho ruido dentro del oficialismo. La paciencia parece tener fecha de vencimiento y, según trascendió, si Adorni continúa ocupando un lugar central en el Gobierno, el macrismo comenzará a tomar distancia de un proyecto que hasta ahora acompañó casi sin chistar.
La ironía de la política argentina vuelve a hacerse presente: quienes prometían terminar con “la casta” ahora deben lidiar con las tensiones de sus propios aliados. Y cuando los socios empiezan a recordar el precio de su respaldo, el problema ya no es solo interno; también puede convertirse en un dolor de cabeza parlamentario.
Porque una cosa es respaldar un cambio… y otra muy distinta es cargar con el costo de sostener a quien muchos ya consideran parte del problema.

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