Hoy viste su gala más alta la enseña más bella de la Tierra: nuestra amada bandera argentina.No es solo un lienzo de cielo y nieve; es el eco de un orgullo que llevamos grabado en el alma. Es la certeza de saber que, cada vez que el corazón vibra ante una pasión, esos colores sagrados se envuelven en nuestras emociones para darnos abrigo.Hoy, mientras el mundo la mira flamear en las más altas cumbres de la competencia, su eco viaja en el tiempo. Regresa a aquella tarde mística a la vera del río Paraná, en Rosario, cuando las manos próceres de Manuel Belgrano la alzaron por primera vez. Desde ese instante fundacional, mostró al universo que nacía una identidad inquebrantable, forjando a fuego la piel de cada hijo de esta tierra.La hemos besado en la victoria y abrazado en el frío. Ha saltado con nosotros en la gloria del grito sagrado. Nos hemos envuelto en sus pliegues para reír con el alma llena o para llorar las tristezas más profundas. En cada llanto y en cada risa, ella jamás nos abandona. Es el manto de la patria, el lienzo más hermoso que los ojos humanos puedan contemplar.¡Feliz día, mi querida bandera! Por siempre en lo alto, guardiana de nuestro destino.
Alejandro Duarte

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