Parece que en la Catedral de Posadas el Espíritu Santo finalmente se actualizó a la versión 5.0. Ahora, si sentís el llamado de la fe (o de la culpa), ya no necesitás andar revolviendo el bolsillo buscando una moneda que haga ruido en la alcancía. La modernidad llegó en forma de código QR: una herramienta ideal para colaborar de forma “rápida, segura y anónima”, porque aparentemente el Altísimo ahora prefiere las transferencias inmediatas antes que el efectivo devaluado.
Lo mejor de todo es que podés “ofrendar” en cualquier momento del día, incluso si la iglesia está cerrada. Ya no hay excusas: si pasás por la puerta a las tres de la mañana y sentís un arrebato de generosidad digital, sacás el celular y listo. El cielo ya acepta Mercado Pago.

MIENTRAS TANTO, EN LA TIERRA…
Pero no todo es tecnología de punta y transacciones invisibles. Fuera de la nube digital, la realidad golpea con un poquito más de fuerza:
Cáritas está haciendo malabares para asistir a una cantidad creciente de familias y jubilados que, curiosamente, no pueden comerse un código QR.
Con la llegada del frío, la parroquia se convirtió en el “call center” de la solidaridad, pidiendo desesperadamente lo básico: leche, harina, fideos y ropa de abrigo.
Cada viernes se arman las bolsas de mercadería, un trabajo “a pulmón” que demuestra que, mientras la iglesia se moderniza con píxeles, el hambre sigue siendo tercamente analógica.
Así que ya sabés: la solidaridad en Posadas ahora es híbrida. Podés escanear el código para quedar bien con el de arriba, pero no te olvides de llevar el paquete de fideos para los que están acá abajo. ¡Todo sea por mantener el sistema funcionando

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