Claudio Oviedo, fiscal de la causa, se tomó el trabajo de explicar eso que algunos todavía no terminan de entender: sí, se puede abusar sin tocar. Tecnología 1 – ingenuidad 0.
Según la reconstrucción del Ministerio Público Fiscal, el imputado no necesitó acercarse físicamente. Total, para eso están las pantallas: “El mayor se contactó con el menor a través de un medio tecnológico”, detalló el fiscal, como quien describe algo casi cotidiano. Y ahí, en ese “inofensivo” entorno digital, empezó el intercambio de imágenes. Porque claro, nada puede salir mal cuando un adulto habla con un menor por internet, ¿no?
Oviedo fue directo al punto al explicar la situación: la víctima terminó agrediendo su propio cuerpo bajo presión. Pero tranquilos, que seguro alguien dirá que “nadie la obligó”… salvo por el pequeño detalle de las amenazas constantes. Porque sí, el agresor la mantenía en silencio con ese clásico recurso de manual: “si hablás, lo muestro todo”.

El silencio, entonces, no fue elección. Fue miedo. Pero bueno, como no hubo contacto físico, siempre habrá quien intente bajarle el precio. Cosas de la era digital.

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