24 de abril de 2026

MANAOS DEBERÁ PAGAR MÁS DE $800 MILLONES: CUANDO EL “SE PAGARÁ” SUENA MÁS A RESIGNACIÓN QUE A JUSTICIA

 

La Justicia habló, golpeó la mesa… y la gaseosa más popular del país ahora tiene cinco días para hacer algo que durante años intentó evitar: pagar. Sí, pagar. Nada más y nada menos que más de $800 millones a un exempleado. Un vuelto, dirían algunos… si no fuera porque no lo es.

El fallo, dictado por la Suprema Corte de Mendoza, dejó a la empresa Manaos sin escapatoria posible. Después de apelaciones, intentos y maniobras judiciales varias, el veredicto quedó firme. Traducido: no hay más excusas, no hay más vueltas, no hay más “lo vemos después”.

El protagonista de esta historia es un exempleado que trabajó como distribuidor entre 2013 y 2022 en varias provincias. Según su denuncia, su relación laboral fue, por decirlo suavemente, “creativa”: empezó antes de lo que decía el papel, tuvo descuentos que nadie supo explicar demasiado bien y aportes previsionales que parecían jugar a las escondidas.

Con ese combo, el trabajador avanzó con un despido indirecto y la Justicia, lejos de mirar para otro lado, decidió darle la razón. El resultado: una indemnización que en algún momento superó los $1.500 millones, pero que finalmente quedó en unos nada despreciables $807.676.293,72. Sí, con centavos y todo.

¿La reacción del dueño, Orlando Canido? Breve, directa y casi filosófica: “Se pagará”. Tres palabras que resumen años de litigio y, probablemente, varios dolores de cabeza contables.

Desde la empresa, como era de esperar, cuestionaron los números. Que los intereses son demasiado altos, que el cálculo no cierra, que el sistema laboral tiene “cositas” a revisar… Todo muy válido, claro. Aunque llega un poco tarde, justo cuando la cuenta ya está sobre la mesa.

El dato que no pasa desapercibido: gran parte del monto final corresponde a intereses. Es decir, lo que empezó como un conflicto laboral terminó convirtiéndose en una bola de nieve financiera. Una de esas que crecen mientras todos discuten quién tiene la culpa.

Ahora el reloj corre. Cinco días hábiles. Ese es el plazo para que la empresa deposite el dinero. Porque si algo quedó claro en esta historia, es que en la Justicia argentina podés estirar los tiempos… pero no frenarlos para siempre.

ALEJANDRO DUARTE