19 de abril de 2026

ESCUELAS, LUGAR DE CONTENCIÓN: HOY UN LUGAR PELIGROSO

 

Parece que el guion de la vida se reescribió mientras estábamos scrolleando. Tradicionalmente, la escuela era ese bendito lugar de salvación, el refugio donde el sistema rescataba a los chicos de los “monstruos” que habitaban en sus casas. Pero hoy, en un giro argumental digno de una serie distópica, la tendencia es la inversa: el hogar, con todas sus grietas, terminó siendo la trinchera frente a una escuela que se percibe como una zona de guerra.

La lógica actual es fascinante: preferimos que el chico se quede en casa, aunque la casa sea un caos, porque afuera el sistema educativo parece una ruleta rusa de salud mental. Y mientras los sistemas fallan en un efecto dominó, nos entretenemos con el debate de moda: ¿La culpa es de los “pibes” o de los padres?

El arte de no ver lo obvio

La respuesta es tan obvia que asusta, pero requiere que levantemos la vista de la pantalla, y eso ya es pedir demasiado. Estamos tan comprometidos con el último chisme del vecino o la tendencia viral del momento que nos olvidamos de un pequeño detalle: la habitación de al lado.

El adolescente silencioso: Ese que hace diez minutos almorzó con nosotros en la misma mesa y que hoy tiene la mirada perdida que antes no tenía.

Las señales ignoradas: Un tono de voz extraño, un aislamiento absoluto, una “metamorfosis” que ocurre frente a nuestras narices.

El culpable perfecto: Mientras el pibe gesta una tragedia en su cuarto, nosotros estamos ocupadísimos fiscalizando la vida ajena a través del celular, ese “aparato maléfico” que nos sirve de excusa para no ejercer la paternidad.

Es mucho más cómodo culpar a la escuela por ser peligrosa que admitir que no tenemos ni la menor idea de quién es el extraño que vive bajo nuestro techo. Al final, la solución moderna es brillante: “Mejor que hoy no vaya a la escuela”. Así, podemos seguir todos juntos, en silencio, cada uno mirando su propia pantalla, esperando que el próximo desastre sea el de la serie y no el que se está cocinando al otro lado del pasillo.

ALEJANDRO DUARTE