10 de junio de 2026

SI MESSI SONRÍE, ARGENTINA YA ESTÁ BUSCANDO LUGAR PARA EL DESFILE

La victoria de la Selección Argentina por 3 a 0 ante Islandia en el último amistoso previo al Mundial 2026 dejó varias conclusiones futbolísticas. Sin embargo, como suele ocurrir en estas tierras, el análisis táctico quedó rápidamente sepultado por un hecho mucho más importante para la ilusión nacional: Lionel Messi sonrió.


Y cuando Messi sonríe, el argentino promedio ya empieza a buscar la camiseta de la suerte, calcular cuántos feriados podrían decretarse tras la final y preguntarse dónde será el próximo festejo multitudinario.
Tras el partido, la atención se centró en un emotivo abrazo entre el capitán argentino y Daniel Gudjohnsen, delantero islandés e hijo de Eidur Gudjohnsen, aquel compañero de la Pulga en el Barcelona multicampeón que conquistó prácticamente todo lo que encontró a su paso entre 2006 y 2010.
La escena tuvo todos los ingredientes necesarios para conmover a los nostálgicos del fútbol: un viejo compañero convertido en recuerdo, un hijo que ahora enfrenta a los ídolos de su infancia y un Messi que, después de tantos años, todavía genera más titulares con una charla de pasillo que con un gol.
“Me preguntó si me acordaba quién era y la verdad que no”, confesó Messi con la sinceridad que lo caracteriza. Después aclaró que recordaba haberlo visto alguna vez en un entrenamiento junto a su padre, aunque era apenas un niño. Traducido al idioma cotidiano: el mejor jugador del planeta no recordaba al muchacho, pero igual se tomó el tiempo para saludarlo y dejarle una anécdota que contará durante toda su vida.
Mientras tanto, Daniel Gudjohnsen, actual jugador del Malmö de Suecia, seguramente se llevó mucho más que siete minutos en cancha. Porque enfrentar a Argentina está bien, jugar contra Messi es mejor, pero conseguir un abrazo del rosarino garantiza un lugar privilegiado en cualquier reunión familiar.

Así, entre goles, recuerdos y gestos que recorrieron el mundo, Messi volvió a hacer lo que mejor sabe: generar ilusión. Y aunque faltan partidos, rivales y desafíos, para gran parte de los argentinos la conclusión ya parece escrita. Si Messi sonríe, el Mundial está cada vez más cerca… al menos en la imaginación colectiva.

ALEJANDRO DUARTE